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PREGÓN SEMANA SANTA 2007

 

FORTUNATO VALENCIA CAMACHO

               Dignísimas autoridades, civil y eclesiástica, Sr. Presidente de la Junta Pro - Semana Santa, Hermanos Mayores de las distintas Hermandades, Presidente de la A.C.Armaos, familiares, paisanos y amigos; buenas noches.

                     Cuando la Junta Pro -Semana Santa me invitó, generosamente, a pronunciar el pregón de nuestra Semana Santa, he de confesar que me mostré encantado ante tal honor, para que voy a decir lo contrario. Se trata de describir, nada más y nada menos, que una de las celebraciones religiosas y culturales de más arraigo en nuestro país y, por supuesto, en nuestro pueblo, y además hacerlo aquí, rodeado de tantos paisanos y amigos.

                     Después de la aceptación vino el vértigo, una especie de sensación de pánico al abordar un tema sobre el que ya han hablado desde esta tribuna, anteriormente a mí, doce pregoneros que han dejado el listón muy alto, y sobre el que se han pronunciado, a lo largo de los tiempos, los más preclaros investigadores, artistas, escritores y poetas.

                     Con este pregón pretendo, no sé si lo conseguiré, hacer una crónica, con diversas vivencias personales y con detalles de nuestra Semana Santa, que pueden ser desconocidos para algunos de vosotros.

                     No es mi intención adentrarme en planteamientos religiosos o teológicos de lo que significa la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, ni del trabajo impresionante y tenaz que realizan las distintas Hermandades, pues eso a la vista está. Quiero hablar de sentimientos, de sensaciones, de pequeñas vivencias, de recuerdos de mi infancia y adolescencia en torno a nuestra Semana Santa. Va a ser un pregón, os lo puedo asegurar, hecho con el corazón.

                     Permitidme, al comenzar, que este pregón sirva como homenaje a todos los ausentes, que con su granito de arena, ayudaron a que hoy podamos disfrutar de la Semana Santa que tenemos y seguro que ellos están cada día disfrutando de otra Gran Semana Santa, viendo lo que cada uno luchamos por ésta y desde allí nos ayudan, seguro, a engrandecerla.
                     Yo he tenido la suerte de pasar las cincuenta y dos Semanas Santas que he vivido, aquí en mi Calzada, en nuestra Calzada. Con la que empieza mañana serán cincuenta y tres. Pero quiero reconocer públicamente que, en gran parte, se lo debo a la comprensión y la tolerancia que hacia mí ha tenido Mercedes, mi mujer, que ha sabido aguantar tantas y tantas procesiones sola y al tiempo que le he quitado a ella y a mis hijos para dedicárselo a nuestra Semana Santa. Sin ser de Calzada, es una calzadeña más, pues ha sabido y ha querido integrarse en las tradiciones de nuestro pueblo, metiéndose de lleno, en alguna ocasión, en ciertos trajines, cuando ha sido menester.

                     La llegada de la Semana Santa se percibe en el ambiente. De repente, pero de forma imperceptible, termina el invierno y cambia la luz, el color y la temperatura. Cambian los sonidos, y si no que se lo pregunten a los vecinos del Convento, y los olores... una vez que el almendro ha perdido las flores, "las aladas almas de las rosas de nata", que cantara Miguel Hernández, se abren las lilas y con ellas, días antes, días después, según los años, llega la Semana Santa.

                     Llega la primavera, un aliento nuevo saluda a la naturaleza, las noches se abovedan de astros y es en esta época cuando surge la copla, de la que Antonio Machado dijo que es:

"Cantar del pueblo andaluz
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz....".

                     Sí, todos los años, no solo el pueblo andaluz, sino todo el pueblo cristiano sale a la calle y la convierte en templo, en "Vía Crucis".

                     Aquí, en Calzada, el comienzo de la Cuaresma, antesala de la Semana Santa, lo marcan dos sonidos muy característicos y familiares para todos nosotros, los toques de bocina y el tintineo de la campanilla del Pecado Mortal, que tanto nos gustaba tocar de niños.

                     Cuando yo nací, hace ya algunos años, en nuestra Semana Santa solamente había dos Hermandades: los blanquillos y los negrillos. Ahora tenemos cuatro y la A. C. "Armaos", ¡total no hemos avanzado nada!.

                     Desde entonces soy blanquillo y negrillo. Mis primeras túnicas me las hizo mi madre cuando tenía tres o cuatro años años, una de blanquillo y otra de negrillo. Por las fotos de Miguelito Pérez, Pepe Cañadas y Nicasio tendría yo esa edad. Las dos las conservo aún y la de negrillo se la han puesto mis cuatro hijos. Espero ver también a algún nieto con ella puesta. Antecedentes semanasanteros en mi familia ha habido muchos, por lo que la pasión por nuestra Semana Santa me viene desde la cuna y, seguro, me seguirá hasta la tumba.

                     Era un gran ceremonial y una enorme ilusión para mí, cada año, cuando faltaban quince o veinte días para Semana Santa y mi madre sacaba la túnica para que me la probara por si había que sacarle la bastilla. A partir de ese día la túnica ya se quedaba colgada para que se aireara. Ceremonial que, año tras año, se ha ido repitiendo en mi casa hasta que mis hijos han dejado de crecer y ya, por fin, no hay que arreglarlas.

                     Cuando la túnica de negrillo se me quedó pequeña, unas parientas solteras, las que tenían un estanco en las esquinas Reales, en casa de Balbino,  me dejaban una túnica antigua de tablas y todos los años iba a pedirla, me la dejaban con mil y una advertencias y, eso sí, en cuanto pasaba Semana Santa había que devolverla a toda prisa, para que al año siguiente estuvieran dispuestas a dejarla de nuevo. Así estuve algunos años hasta que  me hice la que tengo ahora.

                     Actualmente, en mi casa, sacamos cinco túnicas, con sus correspondientes capillos, cordones, guantes..... etc y ya sabéis como son las mujeres para esto de tener ordenadas las casas. ¡Y más en Semana Santa!, por aquello de si viene algún forastero. Pero nosotros, mis hijos y yo, nos adueñamos de una habitación y allí montamos nuestro cuartel general y le decimos que hasta que no pase Semana Santa no se dispone de esa habitación. Lo peor viene después, pues ellos cada uno se va para su sitio y siempre le toca al mismo hacer zafarrancho en el cuartel. ¿Sabéis a quién?. Pues a mí.

                      Algo que recuerdo mucho de aquella época, era como al salir de la escuela, que estaba donde está ahora la guardería, durante la Cuaresma, casi todos los días pasábamos a la iglesia para ver los santos tapados con paños morados, que le daban un aspecto lúgubre y misterioso al templo, al mismo tiempo que el miedo y la curiosidad recorría nuestras infantiles mentes, sin llegar a comprender entonces lo que veíamos.

                     Luego, durante la Semana Santa y días antes, nuestras visitas eran continuas para ver los preparativos de los "tronos" de entonces y comentar lo bien que iban quedando "el borriquillo" o "Jesús Cautivo", pues no todas las imágenes se podían preparar al mismo tiempo, como ahora, pues había que ir cambiando de unas carrozas a otras las imágenes. De ahí, luego, las facturas de Francisco, el sacristán: "por poner y quitar y quitar y poner......". Extraordinario trabajo el suyo, pocas veces reconocido, lleva más de 60 años como sacristán, pero que tuvo que hacer filigranas con los mimbres que tenía en aquella época.

                     Siendo yo un niño, de tres o cuatro años, mi madre, con su vestido de novia, le hizo un manto blanco a la Soledad. Fue el primer manto blanco que tuvo. A partir de entonces se instauró el ceremonial de la caída del manto negro, en la Plaza de España, en el encuentro con el Resucitado, quedándose con el blanco para el resto de la procesión.
                     Con el paso de los años y la adquisición de nuevo trono y manto para la Soledad, aquel manto dejó de usarse y ha estado en mi casa, donde con esmero y cariño lo hemos cuidado, primero mi madre y luego nosotros. Todos los años  lo sacábamos, lo extendíamos para que se aireara y nos llenaba de emoción contemplarlo. Hace unos años la Hermandad decidió tenerlo en sus dependencias y mucho mejor, pues cuánto disfruto al ir por el Convento y ver a la Virgen con el manto blanco. ¡Cuántos recuerdos de mi infancia me trae!. Veo a mi madre, en su soledad, cosiendo el manto para su Soledad, para su Virgen.

                     Y siguiendo con mis recuerdos vienen a mi mente vivencias relacionadas con los armaos. A principios de los setenta los armaos de pica estaban un poco de capa caída, solo salían Epifanio, Regino y Miñaca. Un grupo de amigos decidimos vestirnos de armaos. Pero no teníamos armaduras. ¡Vaya trabajo que costaba vestirse de armao!. Días antes de Semana Santa recorríamos las casas, donde nos habían dicho que tendrían armaduras, a pedirlas. En algunas nos las dejaban enseguida, en otras por compromiso con nuestras familias también nos las prestaban, pero ocurría a veces que, en alguna, la armadura ya había sido utilizada como mortaja al morir el armao y en otras, no nos las dejaban ni a la de tres.

                     Luego llegaba el momento de juntarnos a limpiarlas, en el patio de mi casa, muchas veces, y allí pasábamos dos o tres tardes en grande. Hubo hasta un gallo que peligró, porque nos hacía falta un plumero para una armadura.

                     Teníamos dos amigos que se incorporaron más tarde al grupo, a los que les llamábamos los reclutas, y tenían que desfilar por el patio para que los demás les diéramos el visto bueno y decirles que estaban preparados para formar parte de la Compañía. Hoy, uno de ellos, es de los armaos que aman a su Asociación y no falta ninguna Semana Santa a su cita con la pica.
         
                     Años más tarde adquirí mi propia armadura y he participado como armao en nuestra Semana Santa, de lo cual me siento muy orgulloso.    

                     Mis últimas experiencias relacionadas con la Semana Santa han sido como Tesorero y Hermano Mayor de la Hermandad de Ntro Padre Jesús Nazareno. Esta última una experiencia inolvidable rodeado de un grupo de personas extraordinario, que formaron parte de la Junta Directiva, con un compañerismo y un espíritu de trabajo insuperable. A pesar del trabajo y el esfuerzo que supone, os aseguro que merece la pena por la cantidad de vivencias que te aporta. Vivencias que quedarán para siempre en mi corazón y que nunca olvidaré. Disfruté tanto que, por eso, no me importaría ser Hermano Mayor, de nuevo, a partir del próximo domingo y espero con ilusión a que alguno de mis hijos lo sea.          

                     ¿Qué me decís de los dulces que se preparaban en los días previos a Semana Santa?. Acompañaba a mi madre al horno, unas veces al de Angelico el panadero, donde está ahora La Despensa, o al horno de la Isidra, en la calle Comandante Camacho. Allí elaboraba los enaceitaos, las magdalenas, en las candilejas metálicas, y las pastafloras, cuyos moldes conservo aún.

                     Luego en casa hacía los rosquillos de sartén, los de boca cántaro y sobre todo los barquillos, que junto a mi tía Rita, los hacían finísimos, de los que se deshacían al comerlos. Eran unas auténticas maestras. Mi mujer ha salido muy buena alumna y los hace igual, con lo que sigo comiendo barquillos todos los años.

                     Y de los postres de Semana Santa, ¿qué?. La tarde de Miércoles Santo era y sigue siendo la dedicada a estos menesteres: natillas, flanes, arroz con leche....,  pero el que más me gustaba y me sigue gustando, pues se sigue haciendo en mi casa, es el monte nevado. Con soletillas de Angelito el maquilero está que no se puede aguantar, como dice la gente joven.    

                      Hagamos ahora un recorrido por nuestras Hermandades y por los armaos. ¿Qué os puedo decir que vosotros no sepáis?. Sabéis cuando procesiona cada una, qué actos tienen y qué importancia le damos a cada acto. No quiero dejar pasar la ocasión sin hablaros brevemente de la historia de cada una y algunas anécdotas relacionadas con nuestras Cofradías.

 

HERMANDAD DE LA SANTA CENA

                      Empezaré este recorrido por nuestras Hermandades con aquella que tiene un mayor significado litúrgico, que es la de la Santa Cena. ¡ Sí !. La más humilde, la que cuenta con menor número de hermanos, con menor presupuesto..... Pero representa, para todo cristiano, la institución de un sacramento, la Eucaristía. Jesús se reúne con sus doce y cenan juntos. Después sabe lo que le espera, pero quiere compartir con ellos, y a través de los siglos con todos nosotros, su Cuerpo y su Sangre. Es el sacramento del Amor. Este jueves, que era uno de los tres que relucía más que el sol, y sigue reluciendo, Jesús nos invita a amarnos los unos a los otros como Él nos amó. De ahí que se celebre el Día del Amor Fraterno.
               
                     La Cofradía de la Santa Cena cumplió el pasado año su medio siglo de andadura en nuestra Semana Santa. Fue el 29 de marzo de 1956 cuando se fundó y procesionó por primera vez en 1957.

                     La primera Junta Directiva estuvo formada únicamente por seis personas y se decidió que el Hermano Mayor fuera por sorteo, no pudiendo participar en el mismo los menores de veintiún años ni el que ya hubiera sido Hermano Mayor.

                     Acordaron la indumentaria que lucirían sus hermanos en el desfile procesional, que es la actual; pero que sería comprada, bordada y confeccionada por la Hermandad y el cofrade abonaría el importe en el momento de la adquisición. Se pretendía con ello lograr la máxima uniformidad.

                     La cuota de inscripción quedó fijada en veinte duros para los que se apuntaran antes del Domingo de Resurrección de 1957, subiéndose después a quinientas pesetas.

                  
                     La Hermandad ha atravesado por momentos económicos muy difíciles, pues en el año sesenta y tres, por ejemplo, tenían en caja ciento veintiséis pesetas y noventa céntimos y debían 16.501 pesetas. A la vista de la situación optan por mandar un recibo extra de cinco duros a todos los hermanos y suprimir la asistencia de la Banda de Música a la procesión. Hacen una rifa y con todo consiguen mandarle al imaginero del "paso" dos mil pesetas. Hasta 1967 no vieron saldo positivo.  

                     Poco a poco, gracias al trabajo de muchas Juntas Directivas y el apoyo económico de todo el pueblo han hecho posible la realización de diversos proyectos. Los más costosos fueron la adquisición del trono y la restauración de todas las imágenes. Actualmente sus necesidades económicas las tienen más o menos cubiertas, pero lo que más preocupa a las distintas Juntas Directivas es la falta de hermanos en sus filas en la mañana de Jueves Santo. Desde el marco que me brinda esta tribuna, animo a los hermanos a que cada Jueves Santo acompañen a su Cofradía.

                     Esta Cofradía, que en un principio estuvo formada únicamente por hombres, ha ido incorporando, poco a poco, a la mujer a sus filas, de tal manera que en su Junta Directiva actual solo hay dos hombres.

                     Su continuidad en cuanto a futuros Hermanos Mayores está cubierta, pues hay doce para los próximos años.

                      ¡Cómo resplandece Calzada, en la mañana de Jueves Santo, al recorrer, esas trece insuperables y realistas figuras que componen vuestro “paso ” procesional, nuestras calles!. Jesús, desde su mesa, nos invita a todos a compartir su Pan, no lo olvidemos.

                     Vuestras capas rojas, símbolo de la Sangre de Jesús, forman parte de la rica policromía de esta mañana primaveral. Junto a ellas, el fulgor y relucir de las armaduras puestas por primera vez en esta Semana Santa. Los armaos ya han jurado bandera, en la Plaza de España, y con los sonidos de tambores y cornetas, en ese alegre pasacalles, hace que las escarapelas ondeen al viento y el sol, reflejado en las armaduras, deslumbre al paso marcial de la soldadesca romana. Es una rica combinación de colores, escarapelas de cintas multicolores, faldillas ricamente bordadas, penachos de distinto tipo y colorido convierten a esta mañana en un deleite para la vista.   

  

HERMANDAD DE NTRA SRA DE LA ESPERANZA

                     La Cofradía de Ntra Sra de la Esperanza, la más joven de todas, apenas salida de quintas, como se decía antes cuando íbamos a la mili, procesionó por primera vez en 1985.

                     Su fundación se debe a un grupo de personas, veintiuna en concreto, que decidieron dar el paso adelante para su constitución, después de un intento fallido cuando se fundó la Santa Cena, pues pensaban traer al mismo tiempo la imagen de Ntra Sra de la Esperanza, como asimismo de los blanquillos que, en cierta ocasión, también se plantearon la adquisición de una talla bajo la advocación de esta Virgen.

                     Al principio, como es lógico, tuvo dificultades, sobre todo económicas, pues no había dinero para los primeros gastos y dos personas de la primera Junta Directiva pusieron de su bolsillo quince y veinte mil duros, respectivamente, para la compra de estandarte, bandera, manto, faroles, cetros, corona.... etc. Los primeros cuatro años la Virgen procesionó en un trono que les dejaban los blanquillos y que rápidamente tenían que desmontar, porque les hacía falta a ellos para la noche siguiente.

                     Acordaron celebrar la procesión Sábado Santo por la noche, pero ante la incompatibilidad litúrgica decidieron procesionar Miércoles Santo por la tarde.      
                     Ante la falta de local, el Ayuntamiento les cedió uno en el Convento, en las antiguas escuelas. Los miembros de la Junta Directiva lo acondicionaron y durante veinte años lo han compartido con los Armaos.

                     La Hermandad de Ntra Sra de la Esperanza ha pasado por momentos difíciles, muy difíciles, pero, gracias al trabajo y al tesón de sus diversas Juntas Directivas  y a la generosidad sin limites del pueblo de Calzada, han sabido salir a flote. Actualmente cuentan con una economía saneada y con un buen patrimonio, como es tener su propia sede, desde hace dos años, donde celebra todos los actos de Semana Santa y el acto del besamanos a la Virgen, que desde que tienen sede propia lo introdujeron, coincidiendo con la festividad de la Virgen, el dieciocho de diciembre. Asimismo por la tarde celebran una solemne función religiosa en honor a su Titular.

                     El futuro de la Hermandad es halagüeño pues, superados sus problemas, actualmente tiene la Cofradía una lista de treinta y cinco futuros Hermanos Mayores.             
                     Hermanos de la Esperanza, no desfallezcáis, los momentos más difíciles los habéis conseguido superar. Continuar con vuestro trabajo y dedicación a la Cofradía. La Virgen de la Esperanza vela por vosotros.

                     ¿Quién de vosotros no se ha emocionado algún Miércoles Santo, viendo o acompañando a Ntra Sra de la Esperanza?. Recorre majestuosa las calles de Calzada, anunciándonos que no temamos por lo que va a suceder en los días posteriores, Jueves y Viernes Santo. Ella representa lo que todos debemos tener en la vida, esperanza. Nos quiere trasmitir un mensaje; se avecinan días trágicos, pero debemos tener esperanza en lo que Jesús anunció, que resucitará.

                     Vosotros, cofrades, desfiláis orgullosos al lado de Vuestra Madre. La queréis, la mimáis, os desvivís por Ella, como cualquier hijo por su madre. El tremolar de vuestras capas verdes al viento le da a la tarde del Miércoles Santo un aire festivo, jubiloso y alegre. Es hora de disfrutar de su lento, acompasado y rítmico procesionar. Las horas más amargas están por llegar.

 

HERMANDAD DE NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO

                     Repasando la historia de la Hermandad de Ntro Padre Jesús Nazareno muchas son las curiosidades y anécdotas que encontramos.

                     En sus estatutos de 1908, los primeros después de la reorganización de la Cofradía, se recoge que para ingresar en la Hermandad había que pagar una cuota de entrada de veinte reales (cinco pesetas). Pero los hijos y nietos de hermanos no tenían que pagar  dicha cuota.

                     No había entonces tantas reuniones, pues solamente se celebraba el Domingo de Ramos una de la Junta Directiva y otra Sábado Santo, que era la Junta General de Hermanos. En esta Junta se hacía el sorteo de los enterradores, que eran cofrades que debían asistir a los entierros de los hermanos, mujer e hijos. Si no asistían se les imponía una multa de dos reales. Si a algún hermano se le ocurría morirse Viernes Santo asistía al entierro toda la Cofradía. Al hermano que no se vistiera Viernes Santo se le imponía una multa de una peseta.
                   
                     A la muerte de un hermano la Cofradía sufragaba el pago de veinte misas si el hermano era soltero y de diez misas si era casado, pues las otras diez  debían correr por cuenta de su mujer.

                     En la reunión de la Junta del Domingo de Ramos se hacía el sorteo de las andas, entonces no se subastaban como ahora, y en quien recayera esta suerte ya no volvía a entrar en sorteo hasta que le hubiera tocado a todos los hermanos.
                    
                     La Cofradía tenía dos secciones: Nazarenos y Armaos.                                    

                     La economía poco boyante y la carestía de una túnica de negrillo hizo que a mediados de los cincuenta la Junta Directiva se plantease adquirir túnicas para venderlas a plazos, dado el escaso número de hermanos que se vestían en las procesiones. Al final lo que se hizo fue traer terciopelo a un comercio de la localidad y venderlo a precio de coste. Hoy día, contemplando las largas filas de negrillos, de todas las edades, este problema está solucionado, al igual que el futuro de la Cofradía, ya que hay cuarenta y siete hermanos con el deseo de ser Hermanos Mayores. 
                    

                     Todas las procesiones de la Cofradía me llenan de orgullo y emoción, pero hay algunas a las que siempre soy fiel. Jesús Cautivo, con su majestuosidad, solemnidad y silencio llena las noches del Miércoles Santo. Creo que no he faltado nunca, desde que tengo uso de razón, al encuentro con el Cautivo, donde meditando las catorce estaciones del Vía Crucis, a redoble de tambor y toque de bocina, he recorrido las calles de Calzada recordando ese dramático Viernes que comienza cuando Jesús carga con la cruz y termina en el momento de ser sepultado.
                     Igualmente la tarde del Viernes Santo es cita obligada para cualquier cofrade. Y para mí también lo es. Es la procesión del luto, de los hechos consumados. Al fin se hizo la voluntad del Padre, nos entregó a su Hijo para nuestra salvación.

                     Pero ante todas y sobre todas hay una…….

                     Es noche cerrada. Oscuridad absoluta en el patio de San Francisco. Son las seis de la mañana. Un toque de bocina anuncia el inicio de lo que va a ser el recuerdo del día más cruel y doloroso que ha vivido la Humanidad. Se hace el silencio más absoluto. Parece como si no hubiera quedado nadie. Momentos antes todo eran conversaciones medio adormecidas.

                     El Nazareno aparece en la puerta. La multitud contiene la respiración, se sobrecogen los corazones de muchos negrillos. Solo un halo de luz da vida a su rostro. A más de uno, este momento que hemos vivido año tras año, nos hace contener el aliento y mirarlo fijamente a los ojos. Nuestras pupilas se humedecen, en muchas ocasiones, ante recuerdos pretéritos o plegarias en espera de que sean escuchadas.

                     Va a iniciar el camino del Calvario. Rodilla en tierra y con su mano izquierda apoyada en la piedra donde ha caído. Con su mirada dulce, que parece querer acariciarnos, mira a sus hijos de Calzada. La brisa suave y, a veces, fría, de primavera mueve su pelo, sujeto por esa corona de espinas que entre todos le ponemos cada día.

                     Detrás, en el anonimato, como siempre, le acompaña Simón, el Cirineo, un hombre de pueblo como cualquiera de nosotros. Pero, ¿cuántos de nosotros estaríamos dispuestos hoy, desde nuestra vida acomodada y placentera, a ser nuevos cirineos?.

                     Es uno de los momentos más sublimes y solemnes de nuestros desfiles procesionales. El alba irá despejando dudas sobre su camino de sufrimiento y dolor….. 
                     Caminar pausado acompañado por cientos de nazarenos, que como Él portamos la cruz. Pronto le acompañará también su Madre. Ella quiere ir a encontrarse con su Hijo. ¿Qué no haríais vosotras, madres, si pasarais por semejante trance?.  No quiere hacer tarde. Le urge verlo. Su corazón va traspasado por siete puñales. ¡Lo que una madre tiene que pasar, a veces, por un hijo!. El alba no ha despejado aún las últimas sombras de la noche amarga del Jueves Santo cuando Ntra Sra de los Dolores, en su trono inigualable y bajo un palio señorial, se encuentra con su Hijo.

                     Dolorosa calzadera, tres veces te acompañamos en tus salidas procesionales, pero ten por seguro, que siempre estaremos a tu lado. ¡Tus hijos negrillos no te abandonamos!. Cuenta con nosotros para hacer más llevadero ese camino de angustia y dolor que cada Semana Santa recordamos.   
                    

HERMANDAD DE NTRA SRA DE LA SOLEDAD

                     No hay documentos escritos anteriores a 1939 referidos a  la Hermandad de Ntra Sra de la Soledad, año en que se produjo la refundación de la Cofradía. Sin embargo, hay constancia de que es la más antigua de nuestra Semana Santa. Ese año se nombró Junta Directiva y acordaron salir casa por casa para apuntar a los hermanos que ya lo eran o a los que deseasen serlo en el futuro.

                     El primer "paso" que trajeron los blanquillos fue el de "Los azotes", pero solamente “Jesús atado a la columna”, sin los sayones. La economía no daba para más y las velas que antes eran por cuenta de la Hermandad ahora tenían que ser los hermanos quienes llevaran su vela para la procesión. Al no tener a su imagen Titular, en 1940, procesionaron con la imagen de Ntra Sra de los Dolores, de los negrillos. Fue solamente un año, pues en octubre de ese mismo año encargaron la actual imagen de la Soledad, con un coste de mil quinientas pesetas.
                  
                     Crean en 1957 una Junta de la Sección de Esclavas y el dinero de éstas es para la sección, para los gastos originados en la ermita, que ya habían arreglado. A mediados de los setenta se traen rosas de Pasión para las esclavas, dado que antes no tenían.

                     Durante unos años instituyeron la llamada "misa de requiem", por los hermanos difuntos de ese año, que se celebraba la semana siguiente a Semana Santa. Actualmente, esta misa por los difuntos de la Hermandad se celebra en la mañana del Jueves de Dolores, antes de la procesión.

                     Establecieron, a mediados de los setenta, entre la Junta Directiva, la obligación de llevar capa negra en la procesión de Viernes Santo por la noche, para que poco a poco fueran adquiriéndola voluntariamente el resto de los cofrades. Antes solo se llevaba el capillo negro, que era de terciopelo, norma que se implantó en los años veinte. Ahora lo raro sería ver un blanquillo sin su capa negra en la procesión de Viernes Santo.

                     Hubo tres años en que la procesión de Soledad se celebró Sábado Santo, en 1964 porque llovió y los dos años siguientes, pero en 1967 se volvió a lo de toda la vida, al viernes.

                     Como en el resto de Hermandades, el futuro está asegurado, pues la lista de solicitudes para ser Hermano Mayor, en años venideros, es de  treinta y ocho hermanos.
                     Sus desfiles procesionales son envidia de cualquiera que nos visite en Semana Santa.

                     Los blanquillos inician la Semana Santa antes de que ésta comience. Ntra Sra de la Soledad procesiona por primera vez el Jueves de Dolores. Los niños de Calzada acompañan a Ntra Sra de la Soledad cantando la Salve, igual que hicimos nosotros cuando éramos niños. Los cantos infantiles inundan nuestras centenarias calles y llenan la mañana del Jueves de bullicio y alegría, y como los tiempos cambian en algo se ha cambiado también en este día. Antes se estrenaba el Domingo de Ramos. Ahora los niños estrenan su atuendo primaveral el Jueves de Dolores.

                     Cientos de almas puras quieren estar junto a Ella, por eso sus corazones limpios se inundan de gozo cuando les llega el turno de llevarla. Esperemos que este amor a nuestra Soledad, con el paso del tiempo, no se diluya sino que cada día que pase se acreciente y afiance, pues las bases para ello están puestas.

                     Recordaréis las interminables filas de blanquillos en la noche del Jueves Santo. Es una procesión para enmarcar. Cuatro “pasos” que nos recuerdan aquella amarga noche, desde Getsemaní hasta la sentencia de Pilatos y siempre acompañando al Hijo, su Madre. En esta noche, Ntra Sra de la Amargura. ¡Qué nombre más bien puesto a esta imagen! ¡Qué amargura la de una Madre que ve como su Hijo es maltratado, vilipendiado, lleno de injurias, negado hasta tres veces por uno de los suyos!. ¡Qué sufrimiento y qué amargura!.

                      Pero para los blanquillos hay una noche especial. Ésa es la de Viernes Santo.

                     Su Hijo ha muerto. Ella, vuestra Soledad, tiene una última esperanza. Recorre el mismo camino que hizo su Hijo esta tarde, pero en sentido inverso. La noche más dolorosa, más dura para una madre, para su Madre. Su Hijo ha muerto. Cientos de blanquillos la acompañáis. No queréis que la Madre esté sola esta noche. No la dejáis sola.

                     ¡Blanquillos, sí, blanquillos!, pero todos queréis ir como va Ella, de luto. A su paso, el silencio marca huella en las calles de Calzada. Ha sido un día negro, como vuestras capas y capillos.  

                     ¿Qué pensamientos lleváis bajo vuestro capillo?. Seguro que recordáis al familiar, al amigo o al conocido que esta noche falta a su cita y que la acompañó tantos y tantos años, pero ahora ya está gozando al lado de su Soledad, en otro sitio.
                     Acompañáis a vuestra Reina, a vuestra Señora en esta noche cruel para una madre. No la queréis dejar sola. ¡Hacéis bien!. Estad junto a Ella, como estuvo Juan, el discípulo amado, hasta el último momento.

  

ASOCIACIÓN CULTURAL “ARMAOS”                    

                     Y nos quedan los Armaos. ¿Cómo me iba a olvidar de los Armaos?. ¿Qué decir de los Armaos?. Se podrían decir tantas y tantas cosas.

                     Los Armaos están estrechamente ligados a nuestra Semana Santa. Son algo intrínseco y esencial dentro de ella, pues la quieren, la sienten, la admiran y la engrandecen.

                     A principios del siglo XX fueron una sección dentro de la Hermandad de Ntro Padre Jesús Nazareno. Solo podían ser Armaos los hombres y éstos mayores de dieciocho años. De su bolsillo corría el gasto de armadura y ropa. Cuando quedaba una vacante, ésta podía ser ocupada por algún hijo o nieto sin tener que pagar cuota de entrada, que era de un duro, de las que dos pesetas se dedicaban a la conservación y reparación de armaduras.

                     Había, y sigue habiendo, cuatro cargos dentro de la Compañía: Capitán, Alférez, Sargento y Cabo, siendo la casa del Capitán el cuartel general de la tropa, donde se reunían y de allí salían, aunque donde más tiempo pasaban era en casa del Hermano Mayor y no muy alejados del dornillo de la limoná, de ahí la anécdota que se cuenta al respecto:

                     El Capitán nombraba a las parejas para hacer guardia ante el Monumento, desde los Oficios de Jueves Santo hasta los del Sábado Santo. Ocurría, en más de una ocasión, que cuando el Cabo iba a hacer el relevo de la guardia, se encontraba a los armaos en el suelo mareados y éstos siempre encontraban el motivo del mareo que, según ellos, no era otro que el olor a cera que había en la iglesia. Pero además del olor a cera había otros motivos, como podía ser la proximidad al dornillo de limoná mencionado anteriormente.

                     Con las reformas litúrgicas se perdió el Aleluya de Sábado Santo, por la noche. Muchos de vosotros lo recordaréis. El Resucitado estaba colocado al lado del Altar Mayor. Al empezar la misa, con el rezo del Gloria, el monaguillo no paraba de tocar la campanilla, y todos los  armaos caían al suelo con gran estrépito.

                     Como hacían mucho ruido y podían dañar el suelo, que recordaréis era de madera, se cuenta la anécdota de que D. Antonio, el párroco, con el hisopo del agua bendita en la mano al ir bendiciendo decía: " si fuera pólvora, si fuera pólvora....", esto dirigido a los armaos.
                    Los Armaos son unos fervientes amantes del papel que desempeñan dentro del drama sacro de la Pasión y lo viven como si realmente ocurriera. De ahí algunas anécdotas que les han ocurrido con el devenir de los tiempos.

                     Ésta ocurrió a principios de los años sesenta, en que un domingo de los que hacían instrucción para ensayar el Parte, bajaban por la calle Real y un coche obstaculiza la marcha de la Compañía. El conductor, bastante enfadado, se baja del coche diciendo que no se puede obstaculizar el tráfico; el Capitán le responde que lo que no se puede es romper una formación y después de unas palabras, el del coche le dice: "sepa usted que está hablando con un capitán del ejercito español", a lo que el armao le responde: "pues sepa usted que está hablando con el Capitán de los armaos, así que de tú a tú poco nos llevamos los dos".
                                        
                     Cuando un armao se moría, asistían al entierro todos vestidos de armaos y con la banda. En la calle Real, donde viven ahora las hermanas Cañadas, en los años 30, vivía un cura del Moral, le decían el cura Novenicas, que tenía una hermana, Dña Manuela, y en cuanto se moría un armao iba a la vecina de al lado, que era mi bisabuela y le decía: "Hermana Concha, prepare usted harina, azúcar y huevos que vamos a hacer rosquillos y barquillos que se ha muerto un armao". Al salir los armaos a la calle, era una forma que tenían de recordar lo que hacían los días previos a la Semana Santa.

                     Los domingos anteriores a Semana Santa los armaos salían a hacer instrucción y a ensayar el Parte, el cual era leído en casa de los Hermanos Mayores de las distintas Hermandades, correspondiéndole cada domingo a un Hermano Mayor tal honor. Actualmente se sigue haciendo, aunque cada sábado en un lugar distinto del pueblo.

                     Los armaos inician la Semana Santa con su Jura de Bandera. La mañana de Jueves Santo la Plaza de España se inunda de color y sonidos con la llegada de los armaos. Después de haber recorrido todas las ermitas y la iglesia, en busca de Jesús, se concentran en la plaza. ¡Qué colorido el de sus armaduras recién puestas!. Es el acto al que no falta ningún armao que se precie de serlo. Primero en fila de a uno, después de dos en dos, pasan besando la bandera, su Bandera. Es un acto totalmente castrense, no olvidemos que los armaos son soldados de un ejercito que horas después va a ser protagonista en la desdichada noche de Jesús, a partir de encontrarlo en el Huerto de los Olivos. 

                      El atardecer de Jueves Santo es cita obligada para cientos de calzadeños y visitantes, que año tras año, nos volvemos a encontrar, primero en la Plaza de España, para el acto del Vendimiento, y a continuación en el Patio de San Francisco, para oír el Parte. Muchos años lo hemos escuchado, pero no importa, año tras año volvemos al mismo sitio. Es un acto propio de nuestra Semana Santa. Nuestros armaos lo escenifican de forma magistral.

                      Pocas son las personas que han tenido o tienen el honor de leer el Parte. Famosos fueron en sus tiempos: Conole, los Pelusos y más concretamente Felipe Boiza, José Miñaca y actualmente Mª Carmen. Cada uno ha tenido y tiene su peculiar forma de leerlo, aunque todos de forma excelente.

                     Ellos seguirán acompañando a las distintas Hermandades en los actos y procesiones que se celebran. Todos juntos consiguen dar la vistosidad,  el color y los contrastes propios de nuestra Semana Santa.

                     Al estudiar la historia de nuestras Hermandades, he podido observar una serie de cambios que se han ido produciendo con el paso de los años, tanto en el aspecto social, como en costumbres, horarios…
 
                     El más importante, quizá haya sido, el de la incorporación de la mujer a la vida de las Hermandades. Comienzan perteneciendo a la sección de esclavas de la Soledad, desde tiempo inmemorial, como asimismo a la sección de esclavas de la Dolorosa, que a mediados de los años cincuenta tenía unas noventa esclavas.

                     Los Estatutos de la Hermandad de Ntro Padre Jesús Nazareno, de principios del siglo pasado, recogen que las mujeres casadas solamente podían pertenecer a la Cofradía si era con la autorización por escrito del marido. ¡Total no han cambiado los tiempos!.

                     El pertenecer a una Junta Directiva era impensable para ellas a mediados del siglo pasado, y no es hasta 1977 en que una mujer es la primera en formar parte de una Junta Directiva, en concreto de los blanquillos. Los negrillos no tienen a una mujer en su Junta hasta 1990. En cambio en la Hermandad de Ntra Sra de la Esperanza y en la A.C. Armaos desde su fundación hay mujeres dentro de sus respectivas Juntas. En la Santa Cena la primera mujer que aparece en los Libros de Actas formando parte de la Junta Directiva es en el año 1991.        

                     Como hecho curioso decir que en 1992 los cuatro Hermanos Mayores fueron mujeres.

                     Un cambio muy notable que se ha producido en nuestra Semana Santa es el concerniente a horarios. Repasando los programas de los años treinta solo había cultos Jueves y Viernes Santo.

                     Hay una serie de cultos que desaparecen y otros cambian de hora. Como muestra decir que los Oficios de Jueves Santo eran por la mañana y por la tarde era el sermón del Mandato. Éste desaparece cuando los Oficios pasan a celebrarse en la tarde del Jueves Santo. Igualmente desapareció el sermón del Descendimiento y la función del Desclavamiento en la tarde de Viernes Santo, que se hacía con el Cristo yacente, que es articulado.

                     El Aleluya era a las nueve de la mañana del sábado, hasta 1954 en que se cambia a las doce de la noche, y ya en 1976 deja de celebrarse, pasando al Domingo de Resurrección por la mañana.

                     La procesión del Domingo de Ramos, se empieza a celebrar a partir de los años cuarenta, con un Jesús viviente, hasta que en 1950 la Hermandad de Ntro Padre Jesús Nazareno adquiere la actual imagen. La procesión del Viernes de Dolores, con el rezo del Vía Crucis, por nuestras calles, se celebra por primera vez en 1968, llevando la imagen de Ntra Sra de los Dolores, celebrándose momentos antes una misa por los hermanos difuntos de la Cofradía.

                     Una procesión que desapareció es la que se celebraba Sábado Santo por la tarde, llamada Procesión General, cuya finalidad era trasladar todas las imágenes desde la iglesia hasta el Convento, pero acompañadas por las dos Hermandades, Banda de Música y Armaos.

                     En el año veintinueve la que si aparece en los programas es la procesión del Resucitado, pero a las cinco de la mañana, de ahí el dicho:  “que quien no madrugó no la vio". Ahora seguro que habría más gente en la calle, sobre todo gente joven, pues para ellos ésa es una hora muy buena.

                     Para las Hermandades uno de sus principales problemas ha sido siempre el allegar fondos para hacer frente a los cuantiosos gastos que origina la Semana Santa. En cada época las distintas Juntas Directivas le han ido echando imaginación para conseguir tal fin.

                     De ahí que nos encontremos con eventos de muy distinta índole, como por ejemplo diversas becerradas, organizadas por la Agrupación de Hermandades, que es lo mismo que la Junta Pro-Semana Santa actual. La primera tuvo lugar en 1908 y trajeron para torear a Joselito, con trece años, que era becerrista aún, y que con el paso de los años fue considerado el mejor torero de todos los tiempos.

                     La segunda se celebró en la feria de 1911. Esta becerrada fue de convite. Solo pudieron asistir los invitados, sin pagar entrada, solo se les pidió un donativo y se celebró en Sacristanía. En 1927 se celebró la tercera, que tuvo lugar en el molino de los Delmas, que estaba en el callejón de Roba Panes, actual calle Montesinos. En ésta a uno de los toreros, eran todos miembros de las juntas directivas y aficionados locales, le pegaron la coleta con cola de carpintero y por poco para quitársela le tienen que arrancar hasta el pellejo.      

                     Las últimas becerradas, organizadas por la Hermandad de Ntro Padre Jesús Nazareno, se celebraron en 1944, en el molino de Saturnino Camacho, en la calle San Antonio y fueron tres: el Domingo de Resurrección, el día del Corpus y el día de Santiago, que entonces era fiesta grande.    

                     En 1950, el domingo del Salvador, se celebró un gran partido de fútbol, estando formados los equipos por la junta de los blanquillos uno y por la de los negrillos el otro. La entrada costó tres pesetas y todos los jugadores pagaron su correspondiente entrada, pagó hasta el árbitro, que fue Juan Antonio Castro, el de la tienda de electrodomésticos de la calle Real, dado que la finalidad era allegar fondos para nuestra Semana Santa.  Algunos de vosotros supongo que lo recordaréis. Cosme, Vicente el Aparcero, Agustín Goerlich, Pepe Magdaleno, José Antonio Camacho y Carlitos Maldonado son los seis que todavía están con nosotros de los veintitrés de aquel partido.
                   
                     Igualmente se han realizado funciones de cine y festivales de todo tipo, siendo el primero en 1955. Otra forma que tenían de recaudar fondos, ya en los años cuarenta, era hacer una cuestación colocando una mesa petitoria en la fachada del Casino, con papelillos de diez, veinticinco y cincuenta céntimos, que colocaban en la solapa de la chaqueta. Las rifas se empiezan a suceder a partir de los años cuarenta y se rifa de todo, desde un guarro hasta un SEAT 600. La lotería de Navidad, con la que tan familiarizados estamos ahora, se empieza a vender a finales de los cuarenta, en concreto en 1949.
                    
                     Las Hermandades se ven sin espacio físico para desarrollar sus actos y estando el patio de San Francisco casi en ruinas, los blanquillos deciden en 1955 hacer obras en la ermita, siendo párroco D. Antonio García Parrilla. Dos años más tarde inician las obras del salón. Los negrillos no es hasta los años setenta cuando dan el paso de hacer las obras en el salón donde ahora tienen su sede.

                     Actualmente gracias al esfuerzo de las distintas Juntas Directivas y al apoyo de todo el pueblo de Calzada hacia su Semana Santa, tres de las cuatro Hermandades tienen sedes propias, que son envidia de cualquier forastero que visite nuestra Semana Santa y se dé una vuelta por el charco. Posteriormente estos salones de la Parroquia los han ampliado con la adquisición de otros solares anexos, ya propiedad de las Hermandades.

                    
                     Algo muy importante que se ha realizado, en los últimos años, ha sido la restauración de imágenes. Aparte de ir aumentando el patrimonio, las Hermandades deben conservar la riqueza patrimonial que ya poseen. Actualmente están restauradas prácticamente todas las imágenes de la Semana Santa de Calzada. En los últimos cuatro años ha sido uno de los objetivos que se propusieron todas y lo han conseguido.

                     Una invitación a las Cofradías, trabajad todas juntas y unidas, cada una conservando su idiosincrasia, para de esta forma engrandecer aún más nuestra Semana Santa, dotándola del sentido cristiano que debe tener y no quedándose en meras representaciones externas.

                     Tened en cuenta que para un cristiano la Semana Santa debe ser ante todo la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. No olvidemos que la celebración principal es la liturgia. No solo hay que "pasear" los misterios, sino que hay que realizarlos, en todos los ámbitos de la vida. No nos dejemos deslumbrar. Las procesiones pueden adquirir una dimensión más profunda, aunque se corre el peligro de que toda expresión masiva pueda perder en intensidad lo que gana en extensión. Pero la Semana Santa no solamente está en la calle, debemos vivirla también en nuestra Parroquia, participando en todos los actos que se celebran en ella. Desde el Domingo de Ramos con el acto de la bendición de las palmas, y su solemne función; Jueves Santo con los Divinos Oficios, Hora Santa y adoración del Santísimo; Viernes Santo con el Vía Crucis matinal y los Oficios vespertinos, culminando con la celebración de la Vigilia Pascual.   

 

                     Quisiera terminar este pregón dedicándoles unas palabras a los que son el futuro de nuestra Semana Santa: los jóvenes y aquí veo muchos.

                     Qué duda cabe que, vosotros los jóvenes, en vuestro sábado noche y con el vaso en la mano, en el botellón, sois capaces de abordar temas trascendentes que os unen en la amistad, pero que necesitaríais, durante el día, que personas "con otro horario" os brindaran la posibilidad de desarrollar, con los pies en la tierra, esos ideales de los que hablasteis en el trasnoche. Vuestros valores están ahí, en vosotros; aunque a veces solo subyacen. ¿Quién ha dicho que la juventud de hoy ha perdido el sentido de los valores?.
                    
                     La Iglesia, desde su labor continua, y aprovechando acontecimientos como éste de la Semana Santa, a través de las Hermandades, al recordar el testimonio del Maestro, que nos mostró el Camino de su Vida, Pasión, Muerte y Resurrección, puede y debe animaros a vosotros jóvenes a que os conquistéis a vosotros mismos, a que desarrolléis vuestros talentos personales: voluntad, autoestima, deseo de superación.... Que descubráis la trascendencia de la vida y no seáis esclavos de lo material.

                     Dios quiere que os sintáis llamados a asumir la parte que os corresponde en la marcha del mundo y en la misión de la Iglesia. Con motivo del Año Internacional de la Juventud, Juan Pablo II dirigió una carta a los jóvenes y os recordaba que de vosotros depende el futuro. Por ello os decía: "No permanezcáis pasivos; asumid todas vuestras responsabilidades, en todos los campos abiertos a vosotros, en nuestro mundo".
                     La sociedad pide a gritos que atendamos las necesidades producidas por las guerras, los cataclismos, la marginación...... Urgen actitudes de solidaridad, desprendimiento, justicia social. ¡Ahí tenéis que estar vosotros!.

                     Jóvenes de Calzada, yo desde aquí, humildemente, os doy un voto de confianza. La juventud es buena por naturaleza. En vuestras manos está el futuro, no lo dejéis escapar. Subiros a este carro del Amor a Cristo. Nuestras Hermandades y Cofradías también os necesitan. Arrimar el hombro, porque podéis y porque sabéis. Debéis ser el futuro de nuestra Semana Santa y de nuestra Iglesia.

 

 
                     Pero la Semana Santa es algo más que meros recuerdos de mi infancia y adolescencia y recorrido por las Hermandades de Calzada.

                     La Semana Santa es la celebración del hecho más importante de la historia de la Humanidad.

                     Todo el Misterio de la Pasión y Muerte de Jesús no tendría ningún sentido si no terminara con la Resurrección. Si no hubiera resucitado, la Semana Santa no sería más que como la ven algunos: cultura, arte, antropología, fenómeno social, fiesta de la primavera.....

                     La Semana Santa es la vigilia y el anuncio de la Gran Fiesta de la Luz, la fiesta del sepulcro vacío, de la esperanza cumplida. La vida tiene que triunfar sobre la muerte. La luz sobre las tinieblas. La alegría sobre el dolor. Cristo resucitado sobre Cristo muerto. Fue necesario, era necesario, un Cristo muerto, para tener un Cristo resucitado y Cristo resucitó. Ésta es la gran verdad del cristianismo. Cristo murió y Cristo resucitó.

                     Y con la Resurrección de Jesús, llega la última procesión de nuestra Semana Santa. Jesús Resucitado desde la Parroquia, Ntra Sra de la Soledad desde el Convento. Blanquillos y negrillos convergen lentamente hacia la Plaza de España. Allí la multitud espera impaciente. Se va a producir un año más el encuentro de la Madre con su Hijo.
                     Palabras de júbilo, alegría y esperanza de D. José Antonio. La Madre se quita el luto, su Hijo ha resucitado. Las palomas blancas surcan el cielo calzadeño; es símbolo de paz, vida y alegría.

                     A continuación se reanuda la procesión. Una de las más alegres y a la vez la más triste. ¡No importa el tiempo que tarde!. Todos esperaremos. La Semana Santa termina.

                     ¿Y el último pasacalles?. Es el culmen de la alegría y la tristeza, al mismo tiempo. ¡Qué paradoja!. Alegría entre las diversas Juntas Directivas por el trabajo bien hecho durante todo el año y para los nuevos Hermanos Mayores que salen a la calle, por primera vez, con sus banderas al hombro. ¡Cuántas ilusiones llevan!. Y tristeza, para los que tendrán que dejar de nuevo el pueblo, su pueblo, así como para los que vivimos con intensidad la Semana Santa, pues todavía nos queda un año por delante para que llegue la próxima.

 

                     Calzada se arremolina en las aceras de la calle Real y en las inmediaciones de la Plaza de España, para ver desfilar sus bandas al son de alegres marchas que llenan la tarde de joviales y jubilosos sonidos, ¡aunque sean las cuatro de la tarde!. Se acaba nuestra Semana Santa. Es nuestro último pasacalles y solo Dios sabe cual será el siguiente.

                     He visto gente llorar en este último pasacalles, cada uno tiene su motivo. Yo también lo hice, cuando cogí la bandera de Hermano Mayor de Ntro Padre Jesús Nazareno. Era una mezcla de alegría por lo que recibía y de añoranzas y recuerdos por las personas ausentes que no podían disfrutar conmigo de estos entrañables momentos. ¡Eso no es para contarlo, es para vivirlo, os lo puedo asegurar!.

                     Y con el fin del pasacalles comienza una nueva Semana Santa. Una Semana Santa tejida amorosamente por nuestras Hermandades en su ir y venir penitencial y que para conservarla y realzarla hace falta…¡AMOR!. Amor a la tradición, amor a nuestros pasos procesionales y amor a Calzada.
                                                                           

                                                                                              HE DICHO.

 

PREGÓN SEMANA SANTA 2006

 

MANUEL-AGUSTÍN LÓPEZ CÓRDOBA

 

Buenas noches Calzada.

Sr. Alcalde-Presidente del Excmo. Ayuntamiento.
Querido Cura-Párroco y Capellán de nuestras Hermandades.
Hermanas y Hermanos Mayores de las diferentes Cofradías Calzadeñas.
Sr. Presidente de la Asociación cultural “ARMAOS”.
Sr. Presidente y Junta directiva del Pro Semana Santa.

Amigos todos:
Buenas noches y bienvenidos.

Antes de nada, quiero agradecer a la Junta Directiva del PRO Semana Santa haberse acordado de éste vuestro humilde servidor y elegirme PREGONERO de esta SEMANA MAYOR CALZADEÑA 2006.

He de reconocer públicamente que cuando se me comunicó la noticia, allá por finales del pasado mes de Enero, en un primer momento no supe decir SÍ, pero tampoco pude decir NO.
Entre sorprendido y temeroso por la gran responsabilidad que se me encomendaba pedí un tiempo para pensarlo.

Ser PREGONERO de la Semana Santa Calzadeña, requiere unos conocimientos extraordinarios de la misma, haber demostrado ante todo ser buen Cristiano y tener una educación seria y consecuente con los Mandamientos de la Iglesia y, sobre todo, amar por dentro y por fuera nuestra Semana Santa.

Pensé, ¿qué puedo contar yo que no sepáis todos vosotros?
¿Qué puedo contar yo, que no hayan contado los extraordinarios pregoneros anteriores?


Humildemente reconozco que no soy persona experta en este tema. Me cuesta horrores plasmar en un papel con bonitas y técnicas frases mis recuerdos, mis vivencias, mis anhelos y mis anécdotas para contarlas a mi pueblo.
Me cuesta mucho ordenar las ideas para deciros lo que realmente pienso merece la pena.

Por eso no supe decir SÍ en un principio.
Pero tampoco pude decir NO.

NO, porque verdaderamente SI amo nuestra Semana Santa.
NO, porque no debía defraudar a los que depositaron la confianza en ello.
NO, porque algún que otro amigo me animó y me dio fe para poder creérmelo.
NO, porque está mi familia, a la que por MI Semana Santa, le he “robado” mucho tiempo.
No, porque vosotros sois MI PUEBLO.
Y NO, porque una noche, en el silencio, me lo dijo mi PADRE y JESÚS EL NAZARENO.

Por todo ello y aunque no lo merezco;

¡VOY A HACEROS DE PREGONERO!

 

Queridos Calzadeños:

La Semana Santa no comienza hoy.
La Semana Santa comienza cuando acaba el último Domingo de Resurrección. Y digo bien; pues es a partir de ese momento cuando hombres y mujeres, con sus Hermanos Mayores al frente, comienzan una tarea inmensa en sus respectivas Cofradías.
Un trabajo serio, delicado, minucioso, sin prisas pero sin pausas, para tenerlo todo preparado y a punto.

¡Los Santos no comen!
Esa es la típica frase cuando hay que “rascarse” el bolsillo para rifas, loterías o limosnas.
No comen, es cierto, pero gastan durante todo el año.Me explico:
Sabéis que hay que quitar y reparar ropas, faldillas, quitar y poner velas, retocar carrozas, pintar casas de hermandad, poner ruedas, pagar flores, pagar palmas…, “ayudar” a nuestra Iglesia y, para no extenderme más, pagar música, “armaos”, y otras prebendas y componendas.
Y sois generosos cuando se os pide, Calzadeños. Yo fui Hermano Mayor y doy fe de ello.

¡Por eso tenemos bonito y bueno lo que tenemos!

Esa, esa es la labor de esos hombres y mujeres durante todo el año en las diferentes Hermandades. Por ello quiero desde el principio de mi Pregón reconocer nuestro agradecimiento a todas las Juntas Directivas, a todas las bandas de cornetas y tambores, a nuestra banda municipal de música, a todos los penitentes y a todos los Hermanos Mayores que han dedicado y dedican parte de su tiempo en hacer más grande, con vuestra ayuda también, la Semana Santa de nuestro pueblo.

A los presentes y pasados, a los que vengan en el futuro, y sobre todo a los ausentes; a todos los seres queridos que se nos fueron a la Gran Semana Santa del Cielo, pero que siguen vivos en nuestro corazón y en nuestro recuerdo.

Vaya nuestro aplauso como homenaje a todos ellos.


 

Y un año más Calzada huele a cera, a dolor, a incienso, a Perdón, a Fe, a Amor…, huele a charco, a tambor, a pasacalle, a bocina, a cara y cruz, a Procesión…
Huele a SOLEDAD, a NAZARENO, a SANTA CENA, a ESPERANZA… huele a PASIÓN.

¡Un año más, Calzada HUELE A SEMANA SANTA!

Una Semana Santa que debemos vivir con total intensidad.

Pero ¡ojo! Que esa intensidad no sólo sea para mejorar nuestros desfiles, nuestros pasos, nuestras túnicas, nuestros egoísmos, nuestras ansiedades… no, no, no. Esa no es la Semana Santa auténtica.

Esta Semana Santa, y las que vengan, han de servirnos para profundizar en el Gran Sacrificio de JESÚS.

Debemos vivirla y sentirla profundizando en sus grandes Misterios:
LA PASIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN DE CRISTO SALVADOR.

Y hemos debido de empezar a vivirla y sentirla desde la CUARESMA.
¡La Cuaresma es Santa, Calzadeños!
Todo Cristiano debe prepararse para el Gran Misterio de los Misterios: ¡LA MUERTE DE CRISTO ¡

La Cuaresma debe ser tiempo de ORACIÓN Y REFLEXIÓN, no sólo sonido de campanilla y luz de farol por las calles, no sólo toque de bocina y tambor entre amigos y alguna copa de alcohol.

La Cuaresma, aparte de todo esto como típico de Calzada, debiera ser tiempo de preparación para meditar la PASIÓN DE CRISTO. Un recordatorio anticipado de todo lo que vivió JESÚS para redimirnos del pecado.
La Cuaresma debe ser tiempo de penitencia y preparación para vivir la gran semana que se nos avecina.

¡¡Qué triste vienes Cuaresma con tus 6 semanas de viernes!!

Una Cuaresma que terminábamos ayer acompañando a la Santísima VIRGEN MARIA DE LOS DOLORES, en un Vía Crucis solemne y multitudinario como siempre.

Catorce estaciones recorridas por un pueblo postrado a tus pies, Madre.
Un pueblo que te va a acompañar por esta VÍA DOLOROSA presintiendo lo que va a acontecer y con una reflexión seria en cada uno de nosotros:

¡¡Madre, no quiero que estés sola, quiero acompañarte en la DOLOROSA AMARGURA de tu SOLEDAD para la ESPERANZA y el perdón de mis pecados!!
¡¡Madre, quiero rezar contigo!!

La Semana Santa Calzadeña, sabéis que es muy peculiar y muy particular, muy nuestra. Siempre hemos intentado que todos se sientan participes de la misma en una u otra medida. Por ello, y desde hace ya más de 40 años, Calzada tiene su JUEVES DE NIÑOS, como yo cariñosamente le llamo.
Un JUEVES en el que se nos inunda el pueblo de Pureza, de ilusión de madres, de canto de SALVE.

SALVE VIRGEN PURA te cantan los niños de esta Calzada hidalga y caballera, en un recorrido de fiesta, de ilusión, de alegría y de inocencia. Un recorrido de corazones puros, blancos y limpios.
SALVE VIRGEN BELLA, por eso te pido que extiendas tu Manto y nos los protejas siempre, para que los hijos de Calzada por siempre te canten SALVE, SALVE y SALVE.


Y mañana es Domingo de Ramos.

Calzada entera se convertirá en la Jerusalén del siglo XXI.
Calzada entera olerá a Olivo y Palma.
Calzada entera se echará a la calle para recibir a JESÚS DE NAZARET.

¡BENDITO EL QUE VIENE EN NOMBRE DEL SEÑOR!


Calzada estará llena de alegría, de amor. Se nota en la cara de todos.

Es un Domingo especial; hay que dar la bienvenida a CRISTO JESÚS al igual que hiciera la muchedumbre de Jerusalén.

¡¡Salid todos!! Salid todos a las calles con vuestras mejores galas, pues se dice que el Domingo de Ramos el que no estrena no tiene manos.
Salid todos y observar el ir y venir de penitentes a recoger sus palmas.

¡¡Pero no las guardéis!! Id con ellas a La Función de Bendición, llenad el Templo para escuchar la PALABRA DE DIOS y estrenar un corazón nuevo, limpio y puro que nos sirva para dar y ofrecer AMOR.

¡¡Esa será la mejor manera de estrenar!!
¡¡Esa será la mejor forma de recibir a Jesús en Calzada!!


Un Jesús que nos visita montado en su humilde borriquillo y escoltado por grandes filas de nazarenos que visten túnica morada unos, blanca y verde otros.
Una túnica que ha sido primorosamente preparada por la madre, por la mujer, por la hija o por la hermana, y que tú, Calzadeño Penitente, te la vas a colocar con cuidadoso mimo.

Colocarse cualquier túnica en Calzada debe ser un rito que ha de hacerse despacio… tranquilo…, gustándose, al igual que el torero que se viste de luces para salir a la plaza…,

¡¡SINTIÉNDOSE PENITENTE POR DENTRO Y POR FUERA!!

Observad mañana la carroza del Borriquillo. Mirad a JESÚS y ver que semblante de paz y tranquilidad nos trae.
Contemplad su rostro sereno. Mirad la transparencia de sus ojos y, os diréis; ¡Qué bien captó el artista que hizo esta imagen la VERDAD DE JESÚS!

¡BIENVENIDO A LA JERUSALÉN CALZADEÑA, MAESTRO!

 

el cortejo procesional de mañana lo abrirán nuestros queridos “blanquillos” y, quizás habéis reparado muy poco en la imagen que nos representan en su recorrido.
En esa carroza que aparentemente no nos dice nada, porque no vemos ninguna imagen de Semana Santa.
Estamos totalmente equivocados, los hermanos de la Soledad, quieren que nos demos cuenta que en esa carroza están representados todos los elementos que formaron parte de la PASIÓN y MUERTE DE JESÚS.

Destaca como figura principal, la SANTA CRUZ y alrededor de ella, la Escalera en la que José de Arimatea y Nicodemus bajaron el cuerpo de JESÚS, el Cáliz, los Clavos, el Martillo, la Columna de los Azotes, las Calaveras del Monte Calvario, la Lanza con la que el soldado “armao” llamado Longinos abrió el costado de JESÚS, las Tenazas, los Látigos de los Verdugos, el Hisopo con el que quisieron darle a beber agua de sal y vinagre y, hasta el Gallo.
Aquel gallo que antes de cantar dos veces, PEDRO, su apóstol, ya lo había negado tres.

¡¡Qué bien representado todo en tan sencilla carroza!!

¡¡Con qué cuidadoso esmero nuestros hermanos de la Santa Vera Cruz, nos anuncian lo que va a sufrir JESÚS hasta el Domingo de Resurrección!!

Pensemos en ello también mañana, aunque este sea un día de alegría para todos. Un día de bullicio y charco, un día de reencuentro con familiares y amigos.

Un día que dará paso a un lunes y martes Santo de meditación, para llegar a un MIÉRCOLES SANTO de ESPERANZA Y SILENCIO en la Calzada.

Esperanza de tener un pueblo más unido que nunca.
Esperanza de tener salud y trabajo para todos.
Esperanza de ver crecer sanos y fuertes a nuestros hijos.
Esperanza de ser cada día mejores, de ser todos iguales.
Esperanza de vivir tranquilos y en Paz.
La esperanza del perdón de los pecados.
La esperanza en la fe y el amor, la esperanza en la vida.

¿Qué sería un ser humano sin esperanza?… ¡Nada!.
¿Qué sería la Semana Santa calzadeña sin SU SANTÍSIMA VIRGEN DE LA ESPERANZA?

Estaría incompleta, ¿verdad?

Pues por ello, esta ESPERANZA Calzadeña va a inundar nuestras calles el próximo miércoles repleta de flores y luz.
Una MADRE de la ESPERANZA tranquila y serena, orgullosa de sus penitentes que la vais a sacar como el AMOR DE VUESTROS AMORES.

Una ESPERANZA hermosa y bella que recorrerá nuestras calles con ese rostro sereno, impasible y lloroso.

Cuatro lágrimas, cuatro lágrimas de ESPERANZA que vosotros iréis secando con vuestras capas de intenso color verde, un verde olivo de paz, y un verde de esperanza para el mañana.


Pasead a vuestra Santísima Madre Virgen de la ESPERANZA con verdadero orgullo y pasión, y paseadla para que el pueblo calzadeño pueda admirarla y contemplarla, para que pueda pedirle con el corazón, ¡ESPERANZA para este mundo que se nos va muriendo en la FE DE CRISTO!

Paseadla, que todo buen hijo sabrá apreciar el tanto Amor que nos da esta VIRGEN DE NUESTRA ESPERANZA.

SILENCIO EN LA NOCHE DE CALZADA.
Es un silencio que solo rompe el lloroso sonido de nuestra “bocina”, como rogándonos una oración a los cientos de nazarenos “negros” que van a acompañar al de la mirada ausente, al de las manos atadas.
Al Hombre que alfombrado por un inmenso mar de claveles, es portado por 50 hombros, que al toque de martillo lo elevan al Cielo de la noche solemne de la Calzada penitente, silenciosa y nazarena.

¡Llevadlo despacio, como si no quisierais llegar, portadores!

¡Llevadlo despacio, que sabéis que lo van a Juzgar y a Condenar!
¡Llevadlo tranquilos, hombres de Trono, que EL os va a ayudar!

¡Rachear fuerte el paso para romper éste silencio triste y fatal!

Y a la llamada, sin voz, de vuestro capataz,

Subidle al Cielo con ese mar de claveles rojos que le colocó el buen “negrillo” Tomás.

¡Llevadlo así, atado de manos y en silencio!
¡Llevadlo así portadores!,
¡Muy pronto ÉL se habrá de desatar y cantar!

A este mi CAUTIVO sabéis muchos de vosotros que le llevo en el alma.
Un triste día tuve la necesidad de pedirle un inmenso favor que no dudó en concederme, acrecentado, si cabe, más mi fe en ÉL que ya tenía desde niño.

Recuerdo cuando apenas contaba con 9 o 10 años ésta noche de Procesión, ésta NOCHE DE SILENCIO.
Tuve entonces miedo, ese miedo infantil por no entender qué pasaba.

Dormía yo en mi habitación de la casa de mis padres de siempre y, entre sueños me despertó el sonido ronco de la “bocina”, me levanté y tras los cristales de mi ventana vi un montón de hombres vestidos de negro y con la cara tapada.

Yo sabía que era Semana Santa y, recordaba cómo mí PADRE se vestía igual que los hombres que estaba observando (entonces los niños de mi época a esa hora normalmente dormíamos), pero en medio de todos esos hombres, había uno sin la cara tapada.
Estaba allí parado, justo delante de mío, vestido igual que los demás, alto, fuerte, con las manos atadas y ¡MIRÁNDOME SIN MIRAR!
Entonces, en aquel impresionante silencio de la calle y de mi habitación, en esos momentos que nos mirábamos, fui interrumpido por el estruendo de tambores y cornetas de tal forma que de un salto me volví a meter en la cama y me tapé hasta la cabeza muerto de miedo. Oí el murmullo que luego entendí era el rezo de una estación y tras ello el, para mí entonces, misterioso sonido de la bocina alejándose entre chillar de ejes y ruedas.

En aquel momento quise ser Nazareno “negrillo”. Me dormí pensando en ello y en ÉL, y a la mañana siguiente empecé a ser ¡NEGRILLO SIN TÚNICA!

Sin duda el CAUTIVO, cautivó en mi alma y en mí corazón el amor que tengo por ésta hermandad y, no he dudado siempre que me ha sido necesario implorar con fe su ayuda.
Sé que como aquella noche ÉL sin mirar nos mira, en silencio está siempre con nosotros y, en silencio le debemos rezar el próximo Miércoles Santo en ese Vía Crucis lleno de emoción y penitencia.

Calzadeños, seguid a Jesús Cautivo en esta noche de silencio pidiéndole en lo más profundo de vuestro corazón PERDÓN Y PIEDAD…, PERDÓN Y CLEMENCIA.

Acompañadle antes de que rompan ese silencio el repique de cornetas y tambores de nuestros “armaos”, que al igual que las legiones romanas de la época, se muestran nerviosos, impacientes, alborotados, intranquilos; pues saben que hay alguien al que ellos llaman falsario, que se proclama Rey y, que falta a las leyes verdaderas que ellos mismos profesan.

Por eso, antes del alba, ya han preparado las armaduras que cegaran sus ojos con ese brillo resplandeciente al sol.
Ya han colocado sus vistosos penachos, han afilado sus lanzas y han desenvainado las espadas para buscar al traidor que han de entregar, esa misma noche, al Pontífice Caifás.
Desfilan con paso marcial por nuestras calles, por todas partes le buscan, entran en Templos e Iglesias al mando de su capitán, y no desfallecen en su intento de dar realce y esplendor a nuestra Semana Santa.
Es su día, es el día de nuestros “ARMAOS”, ellos lo saben y por eso realizan una serie de actos de total brillantez y elegancia que son la envidia de cuantos nos visitan, para orgullo de los Calzadeños.

Nuestra legión de “ARMAOS”, es una de las mejores de la provincia y, con su dedicación y entusiasmo consiguen que año tras año nuestra Semana Santa se llene de realismo.

Sabemos que su misión en la PASIÓN y MUERTE de JESÚS, los coloca como verdugos y maltratadotes de un Ser inocente, pero debemos entender que esta misión era necesaria en la historia de la humanidad para la salvación de los hombres.

Nuestros “armaos” no desfallecen nunca.
Cumplen con su misión en nuestra Semana Santa como verdaderos penitentes.
¡SOLDADOS DE VALOR ES LOS QUE QUIERO!, les dice Dimas, su capitán.
Y en éste JUEVES SANTO que brilla más que el sol, Juraran a su bandera fidelidad y no abandonarla hasta derramar la última gota de su sangre.

¡¡ ARMAOS DE CALZADA!!

Qué sigáis cumpliendo con vuestro deber como mandan vuestras profecías.
Qué sigáis mejorando vuestros actos.
Qué sigáis atentos y vigilantes, que nos importa.
Qué sigáis buscando a JESÚS EL NAZARENO año tras año en esta vuestra Calzada.
Qué sigáis escoltando nuestros pasos con respeto y devoción,

Por que ser “armao” en Calzada también es ¡SABER AMAR A DIOS!

 

Pero, ¿qué pasa con nuestros valientes “armaos” que no encuentran a JESÚS, a pesar de dar tantas y tantas vueltas?

¡JESÚS no se esconde!…

¡Acaso sea que aún no ha llegado su hora, aunque ÉL sabe que ya está muy cerca!
Es por eso, por lo que quiere despedirse de sus Apóstoles y para ello prepara la ÚLTIMA CENA.

Una ÚLTIMA CENA que también se va a celebrar en Calzada con el significado más grande de todo cristiano:

¡¡LA INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA!!
¡¡EL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO!!

La institución de la Eucaristía es representada por esa inmensa carroza que procesionará por nuestras calles con la elegancia de sus “capas rojas”, color que da significado a la Sangre que CRISTO derramó para la salvación de los hombres.

La Hermandad de los cien, como antiguamente se le llamaba.
Una hermandad pequeñita que cumple, precisamente este año el 50 aniversario de su fundación, y que a pesar de las muchísimas dificultades por las que ha pasado, sigue fiel a su cita y saldrá a la calle en la mañana de este próximo JUEVES SANTO con más ilusión que nunca.
Por cierto; que pena que no se cambie a primeras horas de la tarde.

Un JUEVES SANTO inmensamente luminoso y purificador, que representa la conmemoración de la Eucaristía como fuente y signo de la UNIDAD DE LA IGLESIA.

La ÚLTIMA CENA del Maestro con sus discípulos.

El Señor sabía muy bien que esa PASCUA iba a ser “SU PASCUA”, por ello mandó a Pedro y a Juan a preparar el lugar de ésta cena ritual, a preparar el cordero con hierbas amargas y un pan sin levadura, caliente y denso que comería con sus doce Apóstoles antes de caer la tarde.

La SANTA CENA Calzadeña nos representa ese momento.
¡¡Todos alrededor del Maestro!!

La SANTA CENA Calzadeña nos representa a un JESÚS triste y tierno que, tomando entre sus manos la Copa da gracias a DIOS.
Una Copa que después pasó para que bebiera PEDRO y éste a JUAN, que después de beber se la entregó a JUDAS y, tras este todos los demás Apóstoles.

Y mientras bebían, JESÚS tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio para que todos comieran de él.

De ésta manera nos quería dejar su Presencia.
Quería quedarse ÉL mismo para siempre entre todos nosotros.

Por eso no le encuentran aún nuestros “armaos”.
Él ha querido darse tiempo para que procesionen con su MENSAJE
Tiempo para que los Calzadeños contemplen esa belleza de carroza y, comprendan el significado del momento que nos representan esas imágenes tan bien cuidadas por esta querida Hermandad.

El Señor nos quiere decir que ese pan es su CARNE, y que ese vino es su SANGRE.

¡¡LA SANGRE DE UNA ALIANZA NUEVA!!


Y Calzada se quedará gustosamente sin siesta en la tarde de éste JUEVES SANTO, pues hay que seguir recordando todo lo que JESÚS hizo después de la CENA.

Tenemos una cita importantísima en nuestra Iglesia:
¡Los Santos y Divinos Oficios!

Nuestro Cura-Párroco también es parte fundamental en nuestra Semana Santa y, al igual que los “armaos”, no desfallece nunca, aún estando solo, nos acompaña a todos en todo.

Podríais decir, que es su obligación, aunque yo diría que es su MISIÓN POR DEVOCIÓN.
Él también quiere y ama tanto o más que nosotros nuestra Semana Santa, es un Calzadeño más que respeta y acepta nuestras costumbres.
Cuántas veces, yo mismo, le he pedido tiempo antes de las procesiones para hacer más cuantiosas las limosnas de las subastas y nunca un mal gesto, siempre lo que hiciese falta.

Vaya mi respeto y mi aplauso, José Antonio, porque tú también haces grande nuestra Semana Santa.

Ya está la Iglesia llena, más que ningún día;
Autoridades civiles y militares, Hermanos Mayores, Juntas directivas, “Armaos”, Calzadeños que esperan seguir con expectación y fe lo que va a suceder.

Todo está bien preparado (de ello se ha preocupado el tío sacristán), el incienso, el agua de colonia, la toalla, la palangana, las flores, las velas, el coro, el PAN y el VINO…, y los DOCE APÓSTOLES que representan a las cuatro Hermandades.

Vamos a presenciar la fiel representación de lo que JESÚS hizo en la ÚLTIMA CENA.

Calzada entera será también esos doce Apóstoles, que se acercarán a ésta EUCARISTÍA con la conciencia limpia, muerta al pecado y viva para DIOS, para participar de su CUERPO y de su SANGRE, que es la mejor forma de llenar nuestra vida de una esperanza firme y segura en la fe de CRISTO.

¡¡Dichosos los invitados a la Cena del Señor!!

¡¡TOMAD Y COMED TODOS DE ÉL PORQUE ESTO ES MI CUERPO!!

¡¡TOMAD Y BEBED TODOS DE ÉL PORQUE ESTA ES MI SANGRE!!

¡HACED ESTO EN MEMORIA MIA!

Así hablo el SEÑOR aquella noche y, después sabéis que se levantó y se puso a lavar los pies a los doce y, al terminar le invadió una profunda tristeza pues sabía que uno de ellos muy pronto le iba a traicionar, JUDAS.

Judas, aquella misma noche y tras todo esto, salió corriendo de la estancia donde se encontraba para cumplir con su horrible traición.
Va en busca de los “armaos”calzadeños y 30 monedas, entregadas en la misma plaza, serán su pago por el beso delator.

¡¡Pero JESÚS no se esconde!!, Repito.

Jesús está en el huerto de los olivos orando a Dios, su Padre.
Está solo, pues sus discípulos Pedro, Santiago y Juan se han dormido, y JESÚS en su soledad y debilidad humana pide al PADRE que pase de ÉL éste Cáliz, este tormento que sabe va a padecer en breves instantes.

¡¡El momento se acerca!!
Judas acompaña calle Real abajo al escuadrón de “armaos”, dirección al Convento convertido en huerto de Getsemaní en esta noche calzadeña.

Jesús esta allí, Judas lo sabe, sabe que está orando y, conoce el sitio;
- “Aquel al que yo dé el beso, es al que debéis de prender”.

Jesús, después de orar al Padre, quedo tranquilo, y dijo:
- ¡¡Dios mío, Dios mío, que no se haga mí voluntad, sino la Tuya!!

Y ante tanta algarabía de cornetas y tambores, de lanzas y espadas, de gentes del pueblo agolpadas en nuestro convento, preguntará:

 

¿A QUIÉN BUSCÁIS?,

Contestándole el “armao” capitán:

- ¡¡A JESÚS EL NAZARENO!!

- ¡¡YO SOY!!

- FLANCO POR DERECHA E IZQUIERDA, ¡¡PRENDEDLE!!

Y de esta manera como tantas veces habéis visto y oído,
JESÚS comenzará un año más su PASIÓN en CALZADA DE CALATRAVA.


Penitencia de capillos blancos en ésta noche tremendamente injusta, en ésta noche de Getsemaní, en la que Jesús se encontró solo, abandonado incluso por sus discípulos, que salieron corriendo para no ser apresados con ÉL.

Los “blanquillos” no quieren abandonarte y te van a acompañar en este recorrido pasionario que representan las imágenes de todo lo sucedido en 4 bellas carrozas:

La Oración en el Huerto de los Olivos con el Ángel Confortador y el Cáliz de la Pasión.

Los Azotes; desprecio y odio de dos sayones que se ensañan con una crueldad abismal lacerando más de 180 veces el cuerpo de JESÚS.

Jesús ante Pilatos; aquel gobernador romano que lavándose las manos, por no encontrar culpa alguna en ÉL, lo entregó al pueblo, por temor y cobardía, para una muerte segura.


Y detrás, siempre detrás, SU SANTA MADRE.

¡¡MARIA SANTÍSIMA DE LA AMARGURA!!

Madre del dolor. Raudal de lágrimas amargas.
¡Bendita TÚ entre todas las mujeres!

Calzada siente en sus entrañas el dolor de esta MADRE triste, dolorida y, desconsolada…

Calzada se viste de blanco en esta noche negra, para rezar con su Madre de la Amargura y, para que alguien le cante con el alma esta saeta:

¡María, quiero que sea alegría el llanto
de esa cara tan bonita,
que si hoy es Jueves Santo,
el domingo Resucita!

Cortejo procesional digno de un pueblo volcado con su Semana Santa.

Hemos recorrido en un instante los primeros tormentos de la Pasión de Cristo y, nos espera un Viernes Santo de mucha más AMARGURA, de mucho más DOLOR, de mucha más SOLEDAD, pera también de mucha más ESPERANZA.

Haced vuestro este mi verso:

¡No quisiera dormirme para no dejarte solo, Nazareno!

Despiértame, antes de la madruga, si me duermo,
que quiero ser tu Cireneo.

Llevar Contigo la Cruz,
Mirar tus ojos de amor inmenso,
secar Tu sangre con mi pañuelo y,
rezarte un Padre Nuestro.

No quisiera dormirme Nazareno…,
no quisiera dormirme, que si me duermo,
no estaré Contigo,
no podré mirarte, no podré llorarte,
no podré rezarte… y sería mucho lo que pierdo.

¡¡Nazareno, despiértame si ves que me duermo!!

Cientos de nazarenos negros esperan en el patio del Convento la salida del MAESTRO.

¡¡Viernes Santo largo y tenso, emocionado y triste, solemne y frío!!

Cientos de nazarenos negros te van a acompañar en TU camino hacia el Gólgota, en ésta “madrugá” penosa de la Getsemaní Calzadeña.

Van a llevar su cruz al hombro, como TÚ la tuya, que es la
nuestra.
No sé si con miedo y con falseo, pero sí con devoción y respeto.
No sé si con verdad y arrepentimiento, pero sí al menos con penitencia y recogimiento.

¡¡Miradle al salir, Calzadeños!!

¡¡Qué sentimiento despierta de compasión al que le mira y le ve, y al que no quiere verle, por su poca fe!!

¡¡CUÁNTO PERDÓN LE OFRECES , NAZARENO!!

Ayúdanos a comprender nuestro error, ayúdanos a quererte, ayúdanos a seguirte como tu amado discípulo Juan te sigue en esta mañana de viernes Santo.

Ayúdanos a encontrarnos contigo para saber secarte el rostro ensangrentado por esa Corona de espinas, ayúdanos para poder secar el sudor y el polvo de tu santo rostro, como hiciera con caridad y amor aquella mujer llamada Verónica.

Ayúdanos con tu inmenso Perdón para que seamos capaces de dejar impreso en el lienzo de nuestro corazón el tanto amor que nos ofreces NAZARENO.

Ayúdanos a seguirte como tu SANTA MADRE MARIA DE LOS DOLORES, Madre nuestra;

¡Mirad sus manos Calzadeños!
¡Mirad sus manos agarrotadas, que parecen pedirnos compasión!
¡No puede más en su dolor!
¡Mirad qué rostro de pena, de Angustia, de Dolor, de Amargura, de Soledad…, de Esperanza!
¡Observadla cuando pase por vuestro lado, rezad y llorad con ella para mitigar su pena!

Pena que será olvidada por unos instantes y, quiero pensar, y lo pienso, que sólo sea exteriormente.

El hombre y la mujer calzadeños sabemos compaginar la fe, con lo lúdico y pagano, sabemos y queremos respetar nuestras costumbres y tradiciones.
¡Pero que no se oiga el sonido de las monedas antes de que se “meta” el NAZARENO!
¡Qué se calle el sonido de esas monedas cuando vaya a “salir” el SANTO ENTIERRO!

Que no se adelante, ni se atrase nadie, porque sólo así podremos conservar vivo lo nuestro, que no nos lo quieran cambiar porque perderíamos el respeto.

CARA Y CRUZ:
Alegría y tristeza: unos ganan para que otros pierdan.

Juego declarado de interés turístico regional hace ya algunos años, como sabéis, pero que pena que con él no lo hubiese sido también toda nuestra Semana Santa.
Creo, sinceramente, que lo merecemos por muchos motivos:
Por nuestro fervor, por nuestra religiosidad, por nuestros desfiles, por nuestros pasos, por nuestro empeño desde siempre en mejorar, reconocido y alabado por muchos de los que han vivido nuestra Semana Santa; hombres de letras, políticos e incluso de la misma Iglesia.

Os puedo decir que Calzada cuenta con dos de las hermandades que más pasos tienen de toda España.
Una de ellas tiene 11 carrozas de procesión, sin contar nuestra querida “bocina”, siendo la Hermandad que más pasos “saca” a la calle de toda España y, la otra, cuenta con 6 carrozas, más esa preciosidad de Cristo guía llamado el Príncipe que podría valer por dos.

Por todo esto y por todo lo anteriormente expuesto, tenemos derecho a solicitar su declaración de interés turístico cuanto antes.

 

Y mientras Calzada juega sus caras, CRISTO ha muerto en la CRUZ.

El Nazareno ha llegado al Gólgota para ser Crucificado y, por el ruido de las monedas al caer al suelo no hemos escuchado los martillazos que han remachado los clavos de sus manos y pies al madero.

Cristo ha muerto en la hora NONA, a las TRES de la tarde, pero no sin antes pedirle al PADRE, en una exclamación llena de amor, por todos nosotros:

¡¡PADRE PERDÓNALOS QUE NO SABEN LO QUE HACEN!!

Y ahí estás TÚ en la CRUZ, MI CRISTO DEL SAGRARIO, ahí estás TÚ, abriendo en Calzada la más solemne de las procesiones de la tarde más triste de la humanidad.

En esa tarde en la que el cielo se desgarró y el trueno se rompió cuando momentos antes de expirar dijiste:

¡¡PADRE, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU!!

Ahí estás Tú, MI CRISTO DEL SAGRARIO.
Ahí estás en la CRUZ, con tus rodillas dobladas y con tus manos y pies chorreando sangre.
Ahí estás TÚ, por mí y por ellos, con tu costado abierto.
Ahí estás Tú en la CRUZ DEL AMOR Y DEL PERDÓN.

Y contigo tus “negrillos”, pidiendo escaleras (como el poeta), para subir al madero, para quitarle los clavos a JESÚS EL NAZARENO.



¡Quieren descenderte con el alma!
¡Quieren ser todos un José de Arimatea para bajarte del Árbol de la Cruz!

Quieren ser discípulos tuyos, como tu amado Juan, siempre a tu lado y con tu Madre, que fue suya, como dijiste también antes de morir:

¡MUJER, AHÍ TIENES A TU HIJO!

¡HIJO, AHÍ TIENES A TU MADRE!

Ya te han desenclavado Jesús.

Ya vas en brazos de tu Santa Madre.

Ya vas en su virginal regazo.

Exclamo y pido piedad para esa mujer sin más lágrimas para llorarte.

¡¡Cuánto dolor contenido, cuánto amor en esos brazos que acurrucan el cuerpo inerte del Hijo!!

Qué mirada de Amargura, de Dolor y de Soledad llevas PIEDAD, vas a enterrar en Calzada al Hijo Amado con la esperanza de su Resurrección.


 

 

 

¡Y en que Sepulcro tan bello
te han “colocao” los Calzadeños,
Quieren verte dormido,
no quieren saberte muerto.

¡Y en qué Sepulcro tan bello
te han “colocao” los Calzadeños
cuatro cirios encendidos,
para iluminar la oscuridad del Cielo!
¡Y en qué Sepulcro tan bello
te han “colocao” los calzadeños,
para rezarte en silencio,
para llorar en tu entierro!

¡Y en qué Sepulcro tan bello
te han “colocao” TUS NAZARENOS,
QUE QUIEREN VERTE DORMIDO
AÚN SABIENDO QUE VAS MUERTO!

Penitentes nazarenos han enlutado la tarde más amarga y dolorosa de Calzada.

Tarde de devoción y respeto en la más solemne de las procesiones, tarde en la que afloran sentimientos de culpa en el alma y dolor en el corazón del penitente calzadeño que está enterrando a JESÚS EL NAZARENO, a EL SALVADOR DEL MUNDO.

¡CRISTO HA MUERTO PARA QUE EL HOMBRE VIVA!

Y detrás…, siempre con ÉL, su Santa Madre.

Cuidando de ÉL, cuando niño, en la aldea de Nazaret.
Siguiéndole en su camino al monte Calvario.
En la Cruz, a sus pies, besándolos con infinito Amor…

Cuánto dolor, dolor inmenso. El mayor dolor de los dolores de una Madre:
¡Sepultad el cuerpo del Hijo Amado!

Bendita TÚ entre todas las mujeres, María Virgen Santísima de los DOLORES, y bendita seas por siempre.

Siete espadas de dolor traspasan tu corazón sencillo, como las siete palabras de Cristo en la Cruz.

Pero en tu dolor…, ¡qué guapa vas, Madre mía!

Tus hijos calzadeños te hemos regalado ese palio de 8 varales. Palio negro como tu pena, grande como tu dolor, y bello como tu amor.

¡Palio de REINA, Palio de VIRGEN, Palio de SEÑORA y Palio de MADRE!

Dios te salve Virgen de los Dolores Bendita Y Pura, porque con tu dolor borras la desesperación de los hombres.

 

¡DIOS TE SALVE, SEÑORA Y MADRE!

 

 

No descansa Calzada y esa noche no te va a dejar sola en tu soledad… ¡SOLEDAD!

Te hemos acompañado en el Santo Entierro de TU HIJO AMADO y, no te abandonaremos en estos momentos de profunda angustia, dolor y tristeza.

Los Calzadeños no quieren dejar sola a su Virgen amada y preferida.
¡No van a dejar sola en la noche, a su Reina!

No te han dejado sola en tu amargura,
No te han dejado sola en tu dolor,
No te han dejado sola en tu esperanza y, no te van a dejar sola en tu soledad…MARÍA.

Calzada entera estará contigo rezando una plegaria.

Estarán tus hijos de capa y capillo negro y, de mantilla española tus esclavas.
Calzada sentirá el dolor de tú soledad Virgen bonita y, querrá endulzar tu amargura con su llanto para regar la flor de pasión que llevas entre tus amorosas manos.

Calzada sigue Contigo, de luto, en esta noche de cielo abierto y de estrellas que también quieren acompañarte para no perderse el inmenso cariño que te ofrece éste tu pueblo.

También llevas, como tu hermana en el dolor, Trono de Madre y de Reina…, y alfombra de gladiolos blancos, alelíes y azucenas…, y perfumes de oración de Calzada entera.

Déjame que te pida que vuelvas por un instante tu Santa Cabeza y mires a tus hijos de capa negra y, veras que no estas sola… SOLEDAD.

 

Y déjame que te pida por mí y por ellos,
Y déjame que te pida que no sufras tanto,
Y déjame que te acompañe en tu soledad, aunque sea sin capa y sin capillo negro, para que deje mi soledad de serlo, y déjame decirte Virgen de la Soledad…
¡¡Ay, CUÁNTO TE QUIERO!!

 

 

Y llegará Sábado Santo…, día de espera… y en Calzada tradicionalmente día de campo. Día que muchos de nosotros aprovecharemos para descansar, para compartir entre familiares y amigos, mientras que otros pocos dan los últimos retoques a su Virgen o a su Cristo y preparan las decenas de ramos de flores que serán subastados el Domingo de Resurrección.

Un Domingo de Resurrección que llega como con prisas, pero…, para tardar mucho en irse…, quiero decir que estamos --
esperando con ansiedad ver el Encuentro de la Madre con su Hijo en la plaza, pero luego no queremos que se termine el último pasacalle, el último “charco”…

¡CRISTO HA RESUCITADO, ALELUYA!

¡CRISTO HA VUELTO A LA VIDA, Y YA NO MORIRÁ MÁS!

¡CRISTO HA TRIUNFADO SOBRE LA MUERTE!

Y así, Triunfante, procesionará con sus “negrillos” al encuentro de su SANTA MADRE.

 

 

Calzada está en la plaza, deseosa de contemplar el gran momento.

Nuestros hermanos “blanquillos”, traen a su Virgen muy despacio, como si no se hubiesen enterado que Cristo ha resucitado y quiere ver a su Madre antes de partir con el Padre, antes de subir al Cielo para sentarse a su derecha.

Escuchad al Sacerdote, guardar por un momento silencio y observar, pues el instante es emocionante, parece que…, si… ¡Ya lo ha visto!

¡Ya están frente a frente los dos!

¡Ya no llora la Virgen, se ha secado con su pañuelo las lágrimas que fueran de Dolor, de Amargura, de Soledad, días atrás!
Ahora puedo ver una sonrisa en sus labios
Ahora parece como si quisiera extender su mano y acariciar la mejilla del Hijo Amado.

¡Sí, María Virgen Bendita, SÍ!

¡TU HIJO HA RESUCITADO!
¡ALELUYA, ALELUYA!


Quitarle ese manto negro, que fue de luto y pena y, dejarle el blanco manto de la belleza, de la pureza, de la luz, de la alegría…, el blanco manto de la fe, del amor, del perdón, de la VIDA.

Soltad las palomas al Cielo azul de esta Calzada noble y señora, para que lleven un mensaje de PAZ a todos los rincones de España, a todos los hombres del MUNDO sin distinción de colores o razas.

Cantadle a ÉL y a ELLA, una y mil saetas, que Calzada no tiene prisas en esta hermosa mañana.

Aún queda tiempo para que Calzada se agolpe en las aceras de la plaza y, al son de los pasacalles que tocan nuestras bandas, rompan en vítores y aplausos. Todos unidos y hermanados. Todos orgullosos y contentos.

Felices los Hermanos Mayores “entrantes”, satisfechos por el deber cumplido los “salientes”, penitentes de filas, bandas de cornetas y tambores, “armaos”, directivos, músicos, autoridades y todo el pueblo al “charco”.

Ahora es el momento de felicitarnos, de enhorabuenas, de alegrías, de besos y abrazos. Todo ha salido bien, se ha cumplido otro año y, desde este momento ya están pensando los nuevos Hermanos Mayores en ir preparando su mandato.

Comienza otra nueva Semana Santa, pero mientras la esperamos, felicitémonos por esta, sintámonos orgullosos si la hemos sabido vivir de principio a fin.

Si hemos sabido buscar hueco entre la fiesta para meditar sincera y profundamente en sus Misterios.

Si hemos sabido vivirla con fe y recogimiento.

Si hemos creído en la Pasión de Cristo y hemos esperado la Luz de su Resurrección, es cuando podemos proclamar nuestra Semana Santa a los cuatro vientos, es cuando podremos sentirnos orgullosos y, con mucho respeto, gritar para que se entere el mundo entero:

 

 

 

¡VIVA NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD!

¡VIVA NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA!

¡VIVA LA SANTA CENA, LOS “ARMAOS” Y NUESTRO PADRE JESÚS EL NAZARENO!

¡VIVA EL SALVADOR DEL MUNDO!

¡VIVA EL CRISTO DEL SAGRARIO Y LA VIRGEN DE LOS REMEDIOS!

¡VIVA CALZADA DE CALATRAVA!

¡¡Y VIVAN LOS CALZADEÑOS!!

 

Feliz Semana Santa, muchas gracias y buenas noches Calzada.


Calzada de Calatrava, 8 de abril de 2006
MANUEL-AGUSTÍN LÓPEZ CÓRDOBA

 

PREGÓN DE SEMANA SANTA 2005

PEDRO A. GONZÁLEZ MORENO

 

Por Pedro A. González Moreno

Dignas autoridades y queridos paisanos, familiares, compañeros y amigos:

Quisiera que en estas palabras que vais a escuchar, no oyerais sólo la voz de un pregonero. Me gustaría que oyeseis en ellas las palabras de lo que soy: un vecino más entre vosotros: un hombre que regresa, una vez más (y ya son muchas), a encontrarse con lo poco o lo mucho que queda de otros tiempos, esos tiempos pasados que, como dijo el poeta, tal vez siempre fueron mejores. Quisiera que mi voz sonase para vosotros como la de un peregrino que vuelve a sus orígenes para comprobar que casi todo es ya distinto, y para constatar también que algunas cosas aún continúan siendo como entonces.

Por fuera, todos hemos ido cambiando con el tiempo, y de ello dan fe alguna que otra cana de más o algún que otro pelo de menos. También las calles, las fachadas y hasta las costumbres de este pueblo, han ido cambiando con nosotros; pero en el fondo, con unos cuantos años y seguramente también con unos cuantos kilos más, por dentro la mayoría seguimos siendo como éramos. La patria de verdad no es esa que algunos confunden con los relieves de un mapa o con los colores de una bandera: la verdadera patria de cada uno es su infancia. Allí están nuestros recuerdos, allí está ese mundo antiguo que para nosotros fabricaron nuestros padres y nuestros abuelos. Y ese mundo está vivo, se nutre con el agua de nuestra memoria y es lo mismo que un árbol cuyas raíces rumorosas jamás dejan de crecer dentro de nosotros.

Me gustaría que oyeseis a aquel niño que fui, como también lo fuisteis vosotros: aquel niño que tuvo la estatura de las mieses, que corrió por unos rastrojos y por unas eras que ni siquiera existen ya: un niño que jugó por estas calles y que, por unos arroyos o por unas arboledas que ya tampoco existen, pescaba renacuajos o buscaba nidos, o buscaba quién sabe qué sendas futuras de esperanza.

Yo soy de los que un día tuvieron que marcharse. Pertenezco a una generación que allá por el 75 (parece mentira que hayan pasado tantos años y ardido tantos sueños) tuvo que hacer su hatillo o sus maletas y se vio obligada a cortar las ramas de ese árbol que fue el de nuestra infancia. Cortamos aquellas ramas, pero las raíces siempre han permanecido ahí, creciendo interiormente hacia la luz ancha y limpia de estos campos. Durante aquellos lejanos años en los que en España estaban cambiando tantas cosas, muchos de mi generación tuvimos que marcharnos; pero algunos nunca nos fuimos del todo, y siempre hemos permanecido con un pie puesto sobre estos barbechos.

Mi generación creció a la sombra de una higuera, y nuestra niñez transcurrió entre la claridad y la anchura de un patio grande con paredes de cal y con macetas; un patio que era lo mismo que un reino en miniatura y donde cabía, resumida, toda la luz del mundo. Nuestra infancia transcurrió entre el paloduz y el trigo y en medio de un revuelo de vencejos que arañaban con su negro alboroto el cielo de las tardes.

Los niños de nuestra generación, que tuvimos el histórico privilegio de inaugurar un instituto, no tuvimos, sin embargo, la suerte de quedarnos después, y por eso seguimos el camino del destierro voluntario que tantos otros habían seguido antes y que también muchos siguieron más tarde. Y tuvimos que irnos porque ahí, al otro lado de estos campos, estaban esperándonos los estudios, la familia, el trabajo: la vida. Tal vez por esa, o por otras razones, la nuestra sea una generación perdida como tantas; y si no perdida, al menos sí desperdigada.

Aquellos niños de los 60 no éramos igual que los de ahora. Los niños de entonces jugábamos al fútbol en la era y nuestro contacto con el mundo no era el de las realidades virtuales. El único centro de nuestro mundo en miniatura era un quiosco verde que había en medio de la plaza, donde cambiábamos los cómics de “El Jabato” y de “El Capitán Trueno” y donde, a falta de otras cosas mejores, comprábamos, con apenas dos reales, un auténtico botín de cromos, chicles, barras de regaliz y bolsas de pipas.

Si cada generación tiene su música, su estética y sus ídolos, también tiene su moneda. Y tal vez, pienso ahora, la moneda de nuestra generación fue aquella de los dos reales, la que tenía un agujero en medio y la que, por eso, usábamos también para ponerla en la cuerda de los trompos. Aquella moneda de los dos reales, que daba para tanto, era como un símbolo de esa generación nuestra, tan llena de agujeros.

Los niños y los adolescentes de entonces nos pasábamos las frías tardes de los domingos de invierno en el salón de juegos de la O.J.E. y allí, sobre un tablero de ajedrez, aprendimos a dar nuestros primeros jaques a la vida. Entre aquellos futbolines y entre aquellos billares, fuimos creciendo muy despacio, con esa extraña lentitud que sólo tiene el tiempo de la infancia.

Mientras tanto, las cosas de la tierra iban creciendo dentro de nosotros, se hacían savia en nuestra sangre joven; y crecían también en nuestra carne la retorcida sed de los sarmientos, el sueño vertical de las espigas, el fragor de los chorros de las norias, la sombra maternal de las higueras; y crecía en nosotros, sin saberlo, la amurallada luz de los castillos, el leve peso de las amapolas, el manso discurrir de los arroyos, el añil puro y limpio de los zócalos o la líquida paz de las albercas. Crecían lentamente en nuestros ojos todas aquellas cosas que se fueron, todas aquellas cosas de la tierra.

Aunque ya nada parece ser como era, por estas calles y por estos patios siguen sonando voces que nos llaman, voces que nos recuerdan que el pasado no ha muerto y el ayer existe. Y por eso volvemos, una y otra vez, atraídos por la fuerza irresistible de esas voces. Nosotros, precisamente por los años fronterizos que nos tocó vivir, hemos sido una generación puente: Y esa quizás ha sido nuestra misión histórica (si es que alguna misión nos corresponde). Somos el nexo entre la generación de nuestros padres y la de nuestros hijos. Somos el puente entre una generación que vivió una guerra, la guerra de verdad, y otra generación que se ha educado agarrada a los mandos de una play station y jugando a otras guerras que son, afortunadamente, de mentira.

Nosotros, los, los que nacimos por aquellos años, hemos llegado a ver todavía cosas y tradiciones que después se han perdido, y es nuestra obligación conservarlas, o hacer posible que al menos sigan vivas en los baúles de nuestra memoria. Hemos crecido al calor de los braseros de picón y hemos respirado el aire de las cámaras, donde el tiempo parecía haberse detenido para siempre. Hemos visto brillar el sol en los filos de las hoces, hemos oído el resonar del yunque en las fraguas, el ris-ras del serrucho de los carpinteros, el ruido de las varas entre los olivares, aquel cansino rechinar del trillo; hemos visto dorarse las uvas en las parras, y hemos escuchado aquel zumbido de los tábanos en los pilones del fontanar; hemos oído el traqueteo de los carros bajando por las calles todavía empedradas, hemos bebido agua de los pozos y hemos llegado a retener entre las manos la luz, áspera y dulce, del membrillo.

Por eso no puedo dejar de recordar ahora todas aquellas cosas que están grabadas, a sombra y fuego, en lo más hondo de nuestros recuerdos. Cómo no recordar, por ejemplo, aquella interminable luz de los veranos o el implacable sol de aquellas siestas que derretía el alquitrán de las calles; aquel olor a mies recién cortada y aquellas parvas que relucían como ascuas vivas bajo el sol de las eras; y cómo no recordar, de esos lejanos agostos, aquellas ferias que se hacían aún en la plaza y en la Calle Real, cuando los coches de choque y los giros de la “ola” o del “galeón pirata” nos provocaban ese extraño vértigo que era como un anticipo de la vida futura.

Cómo no recordar aquellas tardes de circo, o aquellas noches de cine de verano: aquel cine que hubo precisamente aquí, en este mismo lugar, hace ya más de treinta años. La banda sonora de aquellos nodos y de aquellos westerns, mezclada con el inevitable ruido de las pipas, es, recordada ahora, como una extraña música que llevamos dentro como una impregnación de magia y de nostalgia.

Han pasado desde entonces muchos veranos. Y algunas de esas tradiciones se han transformado o han desaparecido para siempre; pero otras aún perviven como si tuvieran conciencia de que forman parte de ese organismo vivo que es un pueblo. Por ejemplo, aquellos “pinchos” de la Virgen y el Cristo, cuando íbamos de casa en casa acompañando al tambor con la única devoción de llenarnos los bolsillos con aquellos puñaos de garbanzos mezclados con pasas y avellanas. O aquellas solemnidades de nuestra fiesta grande, la de “El Salvador del Mundo”, que siempre nos dejaba un poco impresionados con su flamear de cirios y su olor a cera, con el rítmico paso de sus costaleros, con el bello y elegante cortejo de sus madrinas, o con aquellas tracas y castillos de fuego que se hacían frente a la iglesia y que incendiaban con su ruidosa pirotecnia el cielo de la noche.

Aquellas fiestas de “El Salvador” ponían el verdadero punto final a nuestros veranos y marcaban, con su apoteosis de cera y fuego, el auténtico principio del otoño, y con él, el comienzo de un nuevo curso escolar. Ha llovido mucho desde entonces, y otros nuevos otoños han ido sucediéndose en el imparable ciclo de las estaciones, pero en nuestra memoria resuenan todavía muchos ruidos y muchos sabores de antaño: por ejemplo, los siniestros sonidos de aquellas campanillas que unas mujeres iban haciendo sonar por las calles mientras pedían una limosna para todos los que estaban en pecado mortal. O aquellas romerías del día de San Marcos, cuando salíamos al campo a comernos el hornazo. O aquel pan y quesillo que cogíamos de los árboles, aquellas catas de aceite o aquel lejano pan con chocolate de nuestras meriendas.

Cómo no recordar también aquellas Navidades de badila y frío, que apenas significaban para nosotros, los que estábamos estudiando, unas largas vacaciones. O aquellas noches gélidas de Reyes, en que los magos dejaban poco más que escarcha y caramelos en nuestras ventanas, porque eran otros tiempos. Allá por los años sesenta, las nuestras fueron unas Navidades sin belén y sin renos, con pocos aguinaldos y pocos villancicos, pero nunca faltó en nuestras mesas un trozo de turrón ni el calor de los nuestros.
Muchas son las hogueras que hemos visto arder desde entonces, pero ninguna de ellas ha alcanzado unas llamas tan intensas y altas como las de aquellas candelas que se elevaban la noche de San Antón junto a la iglesia del “Egío”. Y cómo olvidar aquellas recolectas de leña que, de casa en casa, iban haciendo los mozos, repitiendo aquel estribillo que ya también hace tiempo dejó de escucharse: “un poco de leña para San Antón, y si no porrom-pon-pon”. Todavía, los niños de mi generación, vimos a las mulas dar aquellas tres vueltas a la ermita y vimos arder aquellas hogueras por encima de la Cruz de los Caídos: aquella cruz que tenía tantos nombres grabados en su base, y que nosotros no entendíamos muy bien por qué se alzaba allí, tan grande y fría como una elegía de piedra; aunque luego, más tarde, empezamos a comprender, porque nos lo contaron los mayores, que por aquí, por estas calles, también pasaron los aires fríos de la guerra. Pero nosotros, que aún éramos muchachos, todavía no sabíamos del dolor y de la muerte; nosotros sólo teníamos los ojos abiertos a la esperanza y a la vida.

Y febrerillo loco arriba, cómo no recordar aquellos carnavales de entonces, que eran mucho menos vistosos y tenían menos vocación coreográfica que los de ahora; pero el aire se llenaba de gritos y las puertas, que estaban abiertas todo el año, se cerraban de golpe, porque en aquellos carnavales había siempre oculto un turbio sentimiento de amenaza. Y nosotros, entre la ilusión y el miedo, unas veces perseguíamos a aquellos mascarones y otras veces éramos perseguidos por ellos, y en más de una ocasión nos dejaron grabado no sólo en la memoria, sino también en el cuerpo, algún que otro garrotazo.

Pero de entre todos esos recuerdos, ninguno tan especial y tan vivo como el de la Semana Santa. No sé por qué razón, pero ésta es una fiesta que entra por todos los sentidos. Parece estar concebida, sobre todo, para los ojos, y para los oídos, pero también el paladar, el olfato y el tacto pueden recrearse con ella. Y quizás por eso, al contrario de lo que ha ocurrido con otras tradiciones, la de nuestra Semana Santa es la que más ha ido aumentando, con el paso de los años, su vistosidad, su solemnidad y su poder de convocatoria. Mientras que otras tradiciones se han debilitado un poco o han ido desapareciendo, la Semana Santa ha ido enriqueciéndose con la llegada de nuevas generaciones que la han regado y engrandecido con su sangre nueva y su ilusión renovada. Se han multiplicado sus bandas y sus cofradías, han cambiado sus caras y sus horarios, pero esencialmente, sigue siendo la misma y, como si fuera uno de los signos más claros de la identidad de este pueblo, continúa manteniendo sus itinerarios y sus pasos, fiel a los designios de su propia historia. Obstinadamente, con la misma puntualidad con que las cigüeñas vuelven a las espadañas de las iglesias, las procesiones regresan también a las calles, cíclica e invariablemente, como anunciando con sus cornetas y sus tambores la llegada de una nueva primavera.

Desde el domingo de Ramos hasta el de Resurrección, desde la procesión del silencio hasta la de la Santa Cena, y desde la Verónica hasta la Soledad, sin olvidar el Santo Entierro, el pueblo se convierte en un trasiego de carrozas, en un ir y venir de pasacalles, en un revuelo de capillos y túnicas multicolores, en un tremolar de estandartes, en un relucir de velas y de hachones. Desde el patio del Convento hasta el “Egío”, el aire retiembla al paso de los tambores, vibra con el oscuro misterio de la bocina, o se estremece con el sonoro ulular de las cornetas. Y hasta el aire parece quedarse quieto y reverente cuando el cuerpo yacente de Cristo pasa en su ataúd de cristal, o cuando cruza la Soledad iluminando la noche con la amarga luz de sus ojos, como si quisiera acoger a la gente bajo el sueño bordado de su manto.

Pero la Semana Santa calzadeña no sólo es un desfile de procesiones, es también una fiesta para los sentidos: una fiesta, por ejemplo, para los ojos, que viven una apoteosis del color cuando ven pasar esas lentas hileras de capillos negros, blancos o morados, o ese blando aleteo de las capas rojas o las capas verdes. Esa apoteosis del color que se vuelve de un rojo bermellón en las capas de la banda de cornetas y tambores de los armaos, que se vuelve bronce resplandeciente en las armaduras, o se vuelve arco iris en el abanico multicolor de sus bordados y de sus penachos. El color de nuestra Semana Santa es un color de Viernes Santo, ese color de uva garnacha de los nazarenos, y es también ese color antiguo de la cal, que parece brillar todavía en las túnicas de los blanquillos.

Igual que entra por los ojos con sus estallidos de color, la Semana Santa entra también por el oído, porque además del sonido de sus bocinas y la música de sus bandas, además de sus cornetas y tambores, sus trompas, sus trombones, sus oboes y sus flautas traveseras, hay otras músicas que vibran en los pentagramas de estas tardes de marzo o de abril. Es, por ejemplo, el ritmo de los pasacalles, que le ponen una cadencia marcial al aire de las tardes; es el “quejío” de las saetas que, desde los balcones, vierten sus chorros de voz al paso de las imágenes. Es también aquel sonoro estribillo del “a quién buscáis” que se escucha en el patio del convento durante la breve representación de “el Prendimiento”. Y es el sonido metálico de las monedas de cobre que rebotan contra el suelo en medio de los corros de las caras.

¡Ay, las caras! Esa música callada del dinero; esa sagrada institucionalización del vicio en plena calle; ese devoto trapicheo que pone un metálico tintineo en la pasión del Viernes Santo; ese silencio rotundo y expectante que precede al grito, casi notarial, con el que cantan caras o cruces los barateros; ese bullicio de ágora que se extiende por las esquinas, convertidas por un día en mercado y casino al mismo tiempo; esa espontánea y redonda arquitectura de los corros, que es la poderosa arquitectura del dinero, por donde los billetes van pasando de mano en mano como palomas indecisas y donde todos, más tarde o más temprano, acabamos tentando a la suerte para comprobar que la suerte casi nunca está de nuestra parte.

Pero igual que tiene color y sonido, la Semana Santa calzadeña tiene también un olor propio: es el olor de las cochuras que, por estas fechas, llenaban antiguamente las despensas y las alacenas, y que antaño olían a la harina y a la leña de los viejos hornos; tiene igualmente el olor a azahar de las carrozas, el olor a cera de las procesiones y el olor a incienso de las iglesias; tiene el perfume de la albahaca antigua de los patios y esas fragancias de tomillo, romero y mejorana que la incipiente primavera trae desde las altivas laderas de la Atalaya; y también tiene ese olor a alcanfor de las túnicas recién sacadas de las arcas… Aromas del pasado que cada año, llegadas estas fechas, resurgen como para convencernos de que el tiempo no ha transcurrido y de que todos seguimos siendo un poco niños todavía.

Nuestra Semana Santa rinde también tributo al sentido del gusto, porque hay sensaciones que van dirigidas directamente al paladar. Ese sabor, por ejemplo, de los enaceitados o de los barquillos, el sabor duro del vino de nuestras bodegas o esa limoná de los dornajos que las hermandades reparten en el charco después de cada procesión.

Y, finalmente, el quinto y último de los sentidos con el que puede percibirse la Semana Santa es el del tacto. Ese tacto de la mano siempre abierta con que este pueblo recibe a todos los forasteros o paisanos que, por estas fechas, llegan aquí desde otros lugares; forasteros o paisanos que son también, como la mayoría de nosotros, gente de paso. Y ahí, en ese gesto de estrechar la mano a antiguos vecinos, a familiares o a viejos amigos, es donde estas fiestas adquieren su dimensión más entrañable, más auténtica y más solidaria.

Las gentes de esta tierra somos gente de paso. La condición nómada de nuestro pueblo está escrita en su propio nombre, y por eso, porque andamos todos un poco desperdigados por otros campos que no son los de Calatrava, necesitamos, de vez en cuando, y de fiesta en fiesta, regresar a estos orígenes donde nacimos, donde crecimos y donde continúan vivas nuestras raíces. Pertenecemos a un pueblo que se fue edificando, piedra a piedra, a la sombra del castillo de Salvatierra, y fuimos, en otro tiempo, un lugar de fronteras. Muy cerca de aquí, por estos campos, cabalgó don Quijote camino de Sierra Morena, aunque Cervantes, por alguna misteriosa razón, no quiso que su famoso caballero se detuviese aquí, tal vez porque entendió que este pueblo, aunque tuviese posada y castillo, era tierra de paso y poco propicia para las andantes aventuras.

Y éste, seguramente, es otro de los signos de nuestra identidad más profunda: llevamos marcada a sol y fuego la señal de los nómadas, y por eso hemos andado siempre yendo y viniendo de un sitio para otro como si buscáramos algo que no acabamos de encontrar.

Somos un pueblo forjado al aire y al sol de la llanura, y por nuestras venas discurren muchas sangres mezcladas. Tenemos ese tirón sanchopancesco de la tierra, pero también alienta dentro de nosotros un poco de sueño y de locura quijotesca. Tenemos mucho de ese espíritu errante de los pastores nómadas, como también tenemos algo de aquel espíritu guerrero de la sangre templaria. Hay en nosotros algo de la reciedumbre del páramo castellano, pero también se asoma a nuestros ojos algún resto de la luz mozárabe y próxima del Sur. Tenemos la sobriedad de esta tierra dura y de este aire seco que nos ha curtido la piel y el corazón, y llevamos grabados, en nuestras almas, un poco de ese bronce y ese acero de la sangre romana. Estamos hechos de un crisol de razas y en nuestras costumbres y nuestras tradiciones se revela ese carácter nuestro de la Mancha sureña, de la Calatrava fronteriza que parece querer asomarse a los cercanos vértigos de Despeñaperros.

Yo, tengo que reconocerlo, en las procesiones nunca he sido penitente y nunca he pertenecido a ninguna cofradía, pero heredé de mi padre una raída túnica de negrillo que no llegué a ponerme nunca; y esa herencia ha actuado sobre mí con una fuerza irrenunciable y poderosa: una fuerza que me ha arrastrado, desde siempre, hacia estas fiestas de la Semana Santa.

Yo jamás he tocado un tambor ni una corneta, pero siempre han seguido resonando en mis oídos los ecos redentores de su música.

Yo ni siquiera he sido baratero en los corros de las caras, pero siempre he acudido, puntualmente, a jugarme el dinero, y no importa mucho haberlo perdido o haberlo ganado: lo que importa es haber estado ahí, siempre fiel a una cita a la que ya no podemos faltar nunca.

Yo pertenezco a una generación que tuvo que marcharse, pero soy de los que vuelven, porque el aire y la luz, las calles y los campos de este pueblo, los he llevado siempre dentro de mí.

Un pueblo está hecho de las manos que lo trabajan, de los pasos que recorren sus calles, del bullicio de sus fiestas; pero también está hecho de memoria. Un pueblo es la realidad de todos los días, pero también es un mapa antiguo lleno de recuerdos. Un pueblo es toda esa gente que cada mañana sale de su casa a enfrentarse a la vida, pero también es ese metal, ya frío y callado, de sus muertos. Un pueblo son sus casas, sus calles, sus plazas, sus tabernas; pero el pueblo de verdad, el que se lleva siempre a todas partes porque está dentro de uno mismo, es el de la infancia.

Y ése es un pueblo que nunca deja de crecer, como una patria de trigo, dentro de la memoria.

Que aquellos tambores de ayer sigan sonando como entonces, y que nunca se callen. Porque sus mágicos redobles nos traen el recuerdo de todo lo perdido.

Que aquellas cornetas de antaño también sigan sonando, y que nunca se callen. Porque en sus ecos se renueva, cada año, el ruido antiguo de la vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hermandad de Ntro. Padre Jesús de Nazareno. Patio de San Francisco s/n. Calzada de Calatrava. Ciudad Real. 2008