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LA COFRADÍA

      A.- Nuestros Pasos

      B.- Nuestras Tradiciones

            B.1.- La bocina.

            B.2.- El Monumento.

            B.3.- El charco.

            B.4.- El pasacalles.

 

A: NUESTROS PASOS

 

Borriquillo

Jesús Cautivo

Ntra. Sra. de los Dolores

Jesús Nazareno

Verónica

Antiguo S. Juan

San Juan

Santo Entierro

Cristo del Sagrario

Piedad

Descendimiento

Resucitado

 

Paso del Borriquillo


(Foto Pérez)


ENTRADA TRIUNFAL DE JESÚS EN JERUSALÉN

En la mañana del Domingo de Ramos la Cofradía N.P. Jesús Nazareno procesiona portando el paso del Borriquillo.

Entrada triunfal de Jesús, que abre los desfiles procesionales el Domingo de Ramos, en el que se retoma el pasaje bíblico de la entrada el Mesías en Jerusalén formando parte de un multitudinario y jubiloso cortejo. Jesús, sentado en un burro, acompañado de sus discípulos, es aclamado entre vítores. Las personas que lo reciben lanzan sus mantos al suelo para cubrirlo a modo de alfombra.

San Juan nos relata en su Evangelio que la multitud lo recibió con palmas, mientras que el Evangelio Apócrifo de Nicodemo nos lo describe con niños que portaban en sus manos ramos de olivo. De ahí que el día se denomine Domingo de Ramos.

Este modelo iconográfico aparece ya representado en el siglo IV en los sarcófagos cristianos de las catacumbas romanas, modelo retomado más tarde por el arte barroco.



(Foto Pérez)

Este paso procesionó por primera vez en la Semana Santa de 1950, siendo adquirido en Olot, en ElSS Arte Cristiano, por el precio de 11.542 pts. Durante toda la década de los 40 se celebraba la procesión con personajes vivientes, ya que una persona representaba a Jesús montado en un pollino.

JESÚS CAUTIVO



(Foto Pérez)

En la noche de MIÉRCOLES SANTO la Cofradía N.P. Jesús Nazareno procesiona portando el paso de Jesús Cautivo con el rezo del Vía Crucis.

Esta procesión tiene su origen en el año 1943 cuando, reunida la Junta Directiva de la Cofradía, se decide que, A...a fin de dar la mayor brillantez posible a la Semana Santa y enaltecer al mismo tiempo nuestra Cofradía... se establezca la procesión del Silencio en el Miércoles Santo.

En un principio, ante el paso de esta procesión se apagaban las luces en las calles por las que discurría el cortejo, y salía de la iglesia parroquial el paso de Jesús Caído sin la cruz. Al tratarse una procesión de Vía Crucis, en cada una de sus estaciones se tañía la bocina, se encendía una bengala, y se daba lectura al pasaje correspondiente. Por el peligro que conllevaba la oscuridad, en el año 1945 se decide utilizar el encendido eléctrico y se canta por primera vez el  ¡perdón, oh Dios mío!.

En el año 1946 la hermandad decide comprar una nueva imagen, la de Jesús Cautivo, para así seguir de una manera cronológica la narración bíblica, escultura que procesiona hasta nuestros días.

Se trata de una imagen de candelero, obra del imaginero madrileño D. Alfredo Lerga, en la que tiene tallada la cabeza, las manos y los pies, talla articulada para poder adoptar múltiples posiciones.


(Foto Pérez)

La imagen representa el momento en que Jesús es prendido y maniatado para ser llevado ante el Sanedrín y el Pretorio para ser juzgado.

La imagen de Jesús Cautivo de Calzada de Calatrava representa la figura de un hombre de gran corpulencia, con rostro barbado al modo sicario, es decir, partida en dos y larga melena trabajada en largos mechones que cae sobre el hombro derecho, debido a la leve inclinación y giro de la cabeza hacia la izquierda; por su rostro se derrama la sangre producida por la corona de espinas, iconografía que retoma las pautas barrocas.

 

JESÚS NAZARENO

titular de Nuestra Cofradía


(Foto Pérez)

Esta imagen debió procesionar ya desde el siglo XVII en la mañana del Viernes Santo acompañada de otras, siguiendo la tradición castellana de sacar todos los pasos procesionales con el fin de rememorar de manera cronológica las diferentes escenas de la Pasión.

En el año 1882 se documenta por primera vez la asistencia a las procesiones de la Orquesta o banda de música con un precio de 120 reales, cuyo significado dentro del cortejo procesional puede que se deba a la herencia de las capillas musicales del siglo XVIII, que interpretaban marchas fúnebres y gregorianos funerarios.

Tras el pasacalles, la procesión se inicia a la seis de la mañana del Viernes Santo con el sermón de pasión en el Patio de San Francisco y, una vez concluido, se lleva a cabo la subasta de pasos. Finalizados estos preliminares da comienzo la procesión. El único paso que parte del Patio de San Francisco, es el de Ntro. Padre Jesús Nazareno, acompañado por los armaos y su banda de cornetas y tambores, banda de la cofradía y, cerrando el cortejo, banda municipal de música y Hermano Mayor portando la cruz, al igual que el resto de los cofrades y acompañado por los Hermanos Mayores de las demás Cofradías y por la autoridad eclesiástica y civil.

Tras breve recorrido, dependiendo del itinerario, se predica un nuevo sermón al tiempo que se produce el encuentro de Cristo con la Virgen Dolorosa y San Juan. Tras él, se constituyen los diversos tramos y el cortejo sigue su discurrir hasta la llegada al Ejido de san Sebastián, momento en el se predica el tercer y último sermón y se produce el encuentro de Jesús con la Verónica.

Formado el cortejo con sus tramos definitivos, se inicia la procesión propiamente dicha con los pasos de Jesús Nazareno, san Juan, la Verónica y Ntra. Sra. de los Dolores cerrando el cortejo.

Tal y como nos lo demuestra la documentación gráfica conservada, sabemos que la actual imagen de Ntro. Padre Jesús, procesionó por primera vez en la Semana Santa de comienzos de la década de 1940.

Esta nueva imagen de Ntro. Padre Jesús Nazareno, obra anónima, por sus características formales queda cercana a la obra del valenciano Francisco Pablo que tanto trabajó para nuestra ciudad.

La escultura es de maniquí articulado en la que solamente se talla cabeza, manos y pies. Como imagen de vestir, su atuendo fue, en principio, la antigua túnica conservada, aunque por diversos motivos es sustituida por una nueva, imitando a la anterior, realizada en el año 1987 para procesionar al año siguiente.

El rostro, está tallado con una cierta dulzura y suavidad, a pesar de remarcar las facciones, pómulos, nariz, etc., para incidir mucho más en el sufrimiento y la debilidad física debido, no sólo al castigo, sino también por el ayuno que Jesús sufrió durante su proceso. Sus cejas arqueadas unen su ceño con la nariz y su boca entreabierta, que deja ver sus tallados dientes, como síntoma de fatiga. Sus ojos, de cristal, muestran una mirada profunda dirigida hacia el espectador que la contempla como si quiera transmitirle el mensaje de que su Pasión y Muerte está motivada para redimir nuestros pecados.

La barba enfatiza mucho más el aspecto lineal de su rostro para hacer hincapié en su dolor. El pelo natural sirve para marcar aún el realismo propio de estas esculturas que está encaminado a estimular al fiel. Sus manos, bien trabajadas, aunque la mano que soporta la cruz no posee esa capacidad expresiva que requiere la escultura por tener tallados sus dedos unidos entre sí. Los pies, perfectamente trabajados aunque vayan ocultos por la túnica, muestran la tensión propia de la caída y del intento por incorporarse.

Las potencias y la corona de espinas son las mismas que poseía la imagen destruida. En los últimos ha procesionado sin el antiguo fajín, que ha sido sustituido por un cíngulo pendiente del cuello, anudado a la cintura y prolongado hasta los pies y así cumplir la profecía Como cordero llevado al matadero.


El Cirineo.

Simón, llamado el cirineo por pertenecer a la región de Cirene, (norte de África), es uno de los personajes más representados en la iconografía pasionista. Venía del campo con sus dos hijos y, al encontrarse con el cortejo que llevaba Jesús hacia el martirio, es obligado a portar la Cruz de Jesús ante su caída por la debilidad de su cuerpo, gesto humano digno de imitar y que es reproducido en esa frase que dice "que cada uno cargue con su cruz y me siga

Respecto a la imagen del Cirineo, al ser antigua y adaptarla al nuevo paso, las manos no sostienen la cruz. El artista refleja fielmente la figura corpulenta de un hombre que viene de trabajar sus tierras y es obligado a portar la cruz.

Se trata de una escultura totalmente tallada que lleva una túnica corta siguiendo modelos de aquella época. El rostro, bien trabajado, presenta a un hombre de nariz aguileña, ojos de cristal azules, barbado, boca entreabierta por el esfuerzo y el pelo de color rubio cobrizo está trabajado, al igual que la barba, en grandes mechones en donde la gubia profundiza como si de técnica de trépano se tratara para producir así un gran efectismo de claroscuro y volumetría.

Los brazos y manos muestran a un hombre fornido, al igual que su piernas, que van calzadas por unas botas de piel a imitación de los modelos de la Antigüedad.

El paso de Ntro. Padre Jesús iba portado en andas, pasando después a la carroza y trono actual.

Desde 1987 procesionó con una carroza encargada al valenciano D. Miguel Sánchez Cervera, maestro fallero, que con la adquisición del nuevo trono fue readaptada al paso de Cristo Resucitado.

La canastilla se construye según dibujo original de D. Manuel Guzmán y sigue los preceptos del neobarroco. Realizada en madera de caoba preparada para barnizar, con la posibilidad de una posible policromía posterior.

La canastilla es una de las obras más interesantes que procesiona en la provincia Ciudad Real. El barnizado actual no le resta calidad aunque debería ser dorada y policromada para adquirir no solamente la vistosidad, sino también la concepción barroca con la que fue ejecutada, máxime, si tenemos en cuenta que las dos obras anteriores que realizó el artista para hermandades de Calzada están doradas y policromadas.
El trono se compone de un toro o bocel sobre la mesa, en la que descansa la canastilla propiamente dicha. Este bocel está formado por unos listeles sobre los que se talla el toro, ornamentado con una decoración floral entre óvalos calados, y con un pseudocontario.

La canastilla, tanto en planta como en alzado, presenta en todos sus lados la utilización de elementos mixtilíneos a base de entrantes y salientes que la dividen en diversos paños marcados por grandes remates vegetales en las esquinas, poseyendo el central un tarjetón con el relieve que representa a Jesús Nazareno cargado con la cruz.

La base, formada por planos cóncavo-convexos que la dotan de gran movimiento al igual que toda la canastilla, está decorada con molduras que semejan gallones sobre las que se dispone una interesante adorno calado formado por entrelazos y decoración vegetal. Sobre ella dos contarios que remarcan el paño convexo, también calado, con decoración vegetal simétrica en torno a un tondo o tarjetón en los paños laterales y frutos en el frontal y trasero, enmarcada por dos cabezas de angelotes al más puro estilo barroco de las canastillas del siglo XVII.

En su parte superior dos franjas con decoración de sarta de ovas y flechas y hojas de acanto. Composición y decoración basada en láminas de los tratados de arquitectura del bajo renacimiento, sobre todo del libro IV de Serlio. Toda la canastilla está rematada por una crestería formada por decoración vegetal a modo de roleos que parte de una concha central muy estilizada.

En los vértices y centro, tanto laterales como frontal y trasero, se rematan por grandes y hermosas cartelas de cueros recortados, de tradición manierista, exornada con decoración vegetal y coronada por una estilizada hoja de acanto. En su parte inferior aparecen tallados una serie de frutos.

Los faldones son de terciopelo morado con un sencillo remate a base de flecos de hilo de oro. El buen hacer del maestro queda reflejado en esta canastilla a pesar de carecer de faroles.

Al ir portado sobre ruedas este paso pierde gran parte de su fuerza, así como ve disminuida su belleza con respecto a ser llevado sobre hombros.

El exorno floral con el que procesiona, cumple estrictamente la decoración de un paso de Cristo pues sale a la calle adornado con claveles rojos y, a veces, acompañados por lirios; de este modo, se ha conseguido convertirlo en uno de los pasos más emblemáticos de nuestra Semana Santa.

 
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VIRGEN DE LOS DOLORES


(Foto Pérez)

La Virgen, como personaje principal unida a la figura de su Hijo por su carácter de corredentora, será la imagen que, junto con la de Jesús, más se represente en la iconografía cristiana.

De la época medieval parte la representación de la Virgen como Madre feliz que soporta al niño en su regazo, instante que se convierte en dolor y amargura cuando pasa a ser representada como Piedad que recoge en sus brazos al Hijo muerto.

Su origen se remonta a los Calvarios y Piedades medievales. Al igual que ocurrió con la figura de Cristo, el mundo barroco español trató de imprimirle un gran verismo capaz de reflejar toda clase de sentimientos, de ahí que la imagen de María fuera enriquecida con ropajes naturales, atributos y toda serie de elementos postizos que exaltaran su humanidad.

Todas las Dolorosas son imágenes “de vestir” o “de candelero”, también conocidas como “tallas de alcuza, devanadera, miriñaque o bastidor”. El busto y las manos se tallan en madera de la mejor calidad (cedro, ciprés o pino), para ser policromada después mediante carnaciones que asemejen un rostro y unas manos naturales.

Suelen ser imágenes de tamaño natural alrededor de 1,60 y 1,75 metros de altura. Todas van engalanadas con ricos y preciados tocados, mandiles y mantos, así como también aparecen portando sobre su cabeza una corona imperial o diadema, con nimbo o ráfagas, por tratarse de la Reina de los Cielos.

María recibe múltiples advocaciones, siendo las más comunes las de tipo pasional o Mater Dolorosa. Calzada cuenta desde antiguo con numerosas intitulaciones marianas, algunas ya desaparecidas, como son Ntra. Sra. Santa María del Valle, Ntra. Sra de los Remedios, Ntra. Sra del Valverde, Ntra. Sra de la Candelaria, Ntra. Sra del Rosario, Divina Pastora, etc.

Muchas debieron ser las imágenes de Dolorosas con que contó Calzada a o largo de su historia, por desgracia destruidas en los numerosos conflictos bélicos. La actual imagen la englobaremos dentro del estilo denominado como neobarroco, ya que intenta emular a las Dolorosas del siglo XVII.

Debemos hacer una clara distinción entre las Dolorosas castellanas, de rostro dramático y bello, y la dulzura de las andaluzas, connotaciones que poseían nuestras imágenes desaparecidas y que quedarán reflejadas en la que actualmente poseemos.

Nuestra Señora de los Dolores. Su nombre responde a esa tradición medieval que representa a la Madre angustiada por el dolor producido por la Pasión y Muerte de su Hijo.

 

LA VERÓNICA


(Foto Anastasio)

Esta mujer tan singular en la Pasión de Cristo no aparece relatada en ninguno de los Evangelios, ni tampoco en los Apócrifos. Representa a la mujer que, portando un lienzo limpio, enjugó el sudor y la sangre de Cristo, que quedó impresa en él. Este personaje pertenece más bien a la leyenda, instaurándose como tal desde el mundo medieval por ese afán de conocer el rostro de Cristo. De ahí el nombre de Verónica, que procede de la palabra Avero-icono, es decir, Averdadera imagen. Siguiendo la leyenda el paño reprodujo tres veces la cara de Cristo al poseer tres dobleces. Esto podemos entenderlo como una clara alusión a los tres Santos Rostros conservados como reliquia desde el medievo y que se veneran en Roma, Jaén y el perdido de Jerusalén.

SAN JUAN BAUTISTA


Depositada en el Museo Diocesano de Ciudad Real

Con su desaparición en la guerra civil, la hermandad quedó sin imagen, por lo que decidió recurrir, para procesionar en la Semana Santa de 1940, a la imagen de san Juan Bautista, que se encontraba en la ermita de san Sebastián al haber desaparecido su propia ermita.
Dicha imagen, que respondía iconográficamente a la figura del Bautista, era una talla de bulto redondo de excelente calidad que, por sus características estilísticas, bien podría corresponder a la primera mitad del siglo XVII, aunque tampoco es descartable que pudiera ejecutarse durante la segunda mitad del siglo XVIII.
Esta imagen se mutiló para adaptarla al nuevo personaje, de ahí que aparezca con barba.
Procesionó vestida hasta la década de 1950, teniendo constancia de que ya en 1957 se había adquirido la imagen actual. En 1988, la imagen de san Juan Bautista pasó al Museo Diocesano para ser expuesta, lugar en el que permanece hasta nuestros días.
La imagen, como corresponde a san Juan Bautista, iba vestida con una túnica de piel de camello que le cubre casi hasta los pies, portando en su mano derecha un bastón acompañado por la figura de un cordero, como representación de Cristo.
De buen estudio anatómico y excelentes carnaciones, la imagen fue mutilada en su readaptación, pues se le cortaron los brazos así como el cordero, del que en la actualidad sólo queda una de sus patas posadas sobre la pierna izquierda de san Juan.
Sin lugar a dudas, es una de las mejores esculturas que, por suerte, se salvó de la destrucción durante la guerra civil.

SAN JUAN


(Foto Anastasio)

San Juan, el discípulo amado, es uno de los personajes secundarios de la Pasión que más ha calado en la devoción popular, de ahí que en la Semana Santa, bien procesione de manera individualizada, caso de Calzada, o bien en paso de palio acompañando a María, tal y como ocurre en muchos lugares de Andalucía.
Siguiendo la tradición, la figura de san Juan de alguna manera estará presente en todo el proceso contra Jesús, fundamentalmente en el momento de su muerte. Desde el mundo medieval siempre se le representa acompañando a la Virgen en ese momento fatal de la Crucifixión, Muerte y Descendimiento de su hijo. En el mundo barroco, sobre todo en el procesionar, se convierte en la figura imprescindible del cortejo. Por estos motivos, san Juan debió procesionar en la Semana Santa de La Calzada de los siglos XVII y XVIII.
Tradicionalmente, san Juan aparece representado con una túnica de color verde sobre la que se dispone un manto o capa de color rojo. Ambos colores vendrían a simbolizar la esperanza de la Redención mediante el amor, aquí representado en la doble vertiente del amor hacia el Maestro y la Redención por amor, manifestado por el color rojo.
La iconografía suele representarlo como un joven mancebo sin barba, por ser el más joven de los Apóstoles. En algunas ocasiones, también se representará con perilla e incipiente barba. A menudo, lleva una palma, que le fue entregada por María para que la portara delante de su féretro en sus funerales.
La imagen actual, es de tamaño natural y fue adquirida en Olot (Gerona) en los talleres del Arte Cristiano, como se puede observar en el sello de la parte posterior del manto. Se trata de una imagen seriada realizada en escayola, policromada. Representa el momento en el que Juan, levantando su mano, señala a la figura de Jesús, recogiendo su túnica con la otra. Se cubre con manto de color verde atado con un fajín a la cintura, con una decoración de estofado a base de elementos vegetales. El manto rojo se policroma también con elementos vegetales en color negro.
Su rostro representa al joven discípulo del larga melena y que posee unos rasgos muy dulces e idealizados que rayan en lo femenino. Posee buenas carnaciones, aunque algo deterioradas por el paso del tiempo y el uso.

 

SANTO ENTIERRO DE CRISTO


(Foto Pérez)

El Viernes Santo ha venido considerándose como el día más importante de la Semana Santa, ya que es el momento en el que se consuma la muerte de Jesús para, de esta manera, esperar al tercer día su Resurrección y con ella se cumpla la Redención del hombre. Tradicionalmente, en todo el orbe católico, ha sido el día de mayor actividad litúrgica y procesional de toda la Semana de Pasión, pues en él se van a condensar, en casi todos los pueblos de España, el procesionar de todos sus pasos debido a su carácter narrativo, en un acto recordatorio de lo que significó la Pasión de Cristo, en esa procesión que se viene denominando del Santo Entierro.

El día 25 de marzo de 1765 la junta de hermanos decidió traer desde Siruela (Badajoz) una imágenes que se habían encargo previamente para las funciones del Descendimiento que se celebraba en la ermita del Salvador y la procesión del Santo Entierro.

Una de estas imágenes correspondía con un Cristo Yacente articulado para desempeñar la doble función anteriormente descrita, es decir, descenderlo de la cruz para depositarlo en la urna como yacente.

La procesión se forma en la sede de la cofradía situada en el patio de San Francisco encabezada, como es habitual en esta hermandad, por el estandarte y los faroles guía. El primer tramo está configurado por los nazarenos, que a partir de 1956 sustituyeron la tradicional cruz que portaban sobre sus hombros por una vela encendida, elemento que se actualmente se ha suprimido. Entre ellos, procesiona la banda de la hermandad sin capillo y, tras ella, el paso de Cristo Crucificado, antes Cristo del Sagrario.

El segundo tramo corresponde al paso de misterio del Descendimiento, escoltado por cuatro Armaos; el tercero con el paso de la Piedad, también escoltado, seguido de la banda de los Armaos; a continuación la bocina, elemento cuya ubicación dentro del cortejo puede variar; el cuarto tramo corresponde con el Santo Entierro, escoltado por Armaos como símbolo de las tropas romanas que custodian el sepulcro de Jesús.

El quinto y último tramo corresponde con el paso de la Virgen de los Dolores acompañada por mujeres ataviadas con la típica mantilla negra, rosario, escapulario y vela encendida, como elemento imprescindible de la procesión en señal de luto y que, en cierto modo, vienen a desempeñar la función de las plañideras en los rituales funerarios.

Tras el paso de la Virgen, acompaña la autoridad religiosa, seguida de la banda municipal, quedando cerrado el cortejo por la representación de las distintas hermandades que portan sus insignias y la autoridad civil y militar que, por ser la procesión más importante, debe estar acompañada por toda la corporación municipal presidida por el Sr. Alcalde o autoridad invitada de mayor rango; todos ellos con traje negro u oscuro en señal de riguroso luto.

Tratado por todos los Evangelistas de una manera muy escueta, es uno de los momentos más importantes de la Pasión, pues, con la muerte de Cristo y su posterior deposición en el Sepulcro, culminará la Redención del hombre. Esta parquedad evangélica a la hora de narrar el Entierro, crea un vacío en el que se intercalan textos que nos hablan de actos secundarios relacionados con éste y que serán fundamentales ya que, pese a ser secundarios, se representarán plásticamente y se introducirán en el cortejo procesional adquiriendo un papel de primer orden, como es el caso del Descendimiento o la Piedad.

En esta secuencia histórica, es posible distinguir tres momentos fundamentales relacionados con el Entierro: el Descendimiento de Jesús Muerto, la Deposición en brazos de su Madre y, por último, la Sepultura. Una vez muerto Jesús es descendido y llevado a la sepultura (Mt. 27,60-61; Mc. 15,46-47; Lc. 23,53-55; Jn. 19,40-42).

Frente a la brevedad del relato en los Evangelios Canónicos habrá que recurrir a los testimonios del Pseudo Buenaventura para tener una mayor precisión a la hora de estudiar su representación. Su texto nos habla de un cortejo fúnebre y de la sepultura de Jesús, con los mismos personajes que intervienen en los acontecimientos anteriores. El cortejo fúnebre seguiría una disposición jerárquica, de tal forma que estaría encabezado por María, su Madre, seguido de las personas de mayor rango hasta finalizar con la figura de María Magdalena.

En la Semana Santa de Calzada, estos episodios no son representados pues el Entierro se individualiza mediante la figura de Jesús en el féretro o urna. Siguiendo la tradición, se representaría a Jesús en una posición cúbito supino, es decir, boca arriba y con las piernas rígidas levemente flexionadas. Su rostro, por lo general, representa a una figura muerta, que no significa una muerte consumada sino, por el contrario, una muerte llena de vida.

La nueva imagen, que podemos incluirla dentro de ese estilo de postguerra que denominamos Neobarroco, es una buena escultura tallada en madera, en buena medida, inspirada en la de Siruela. Al igual que la anterior, también corresponde a una imagen articulada para poder llevar a cabo la función del Descendimiento, función que se desarrollará hasta la principios de la década de los años sesenta y que será suprimida tras la celebración del Concilio Vaticano II. Del mismo modo, también desaparecerá la tradición de cubrir al Cristo Yacente con el sudario.

Tal y como podemos apreciar, la imagen está en una posición cúbito supino, con los brazos extendidos, así como las piernas ligeramente flexionadas hasta posar un pie sobre el otro. La escultura posee un buen estudio anatómico marcando los músculos, aunque no con la precisión que veíamos en la anterior. El cuerpo está cubierto por el paño de pureza, también anudado a la izquierda por un doble cíngulo que, al igual que la anterior, deja entrever parte de la cadera. El paño, perfectamente trabajado en planos angulosos, denotan un realismo que tiene como base la imaginería del siglo XVII. De las yagas de manos pies y costado brotan pequeños surcos de sangre que lo hacen menos sanguinolento que el anterior.

La cabeza, bien trabajada e inclinada hacia la derecha, nos muestra a un hombre de larga melena que cae sobre sus hombros, en los que la gubia incide para resaltar los diferentes mechones que componen su cabello. La barba, partida al modo siríaco, presenta una características similares.

El rostro, impregnado de una gran dulzura, posee unas perfectas facciones, con cejas bien trabajadas, nariz recta y ojos cerrados en actitud somnolente. El escultor, al igual que ocurría en al Barroco, no ha querido representar al hombre vencido por la muerte, sino que, por el contrario, ha plasmado la imagen de un hombre dormido en espera de ese despertar que será la Resurrección, en definitiva, no es un rostro en el que aparezcan los rasgos de la muerte, sino mas bien un rostro pletórico de vida.

Las carnaciones fueron muy restauradas a mediados de la década de los años ochenta, mediante la cual se limpió el ennegrecimiento producido por la acumulación de polvo, humo de las velas, etc., y se rescató la palidez que primitivamente poseía. La imagen descansa sobre un lecho de ricas telas, ya descritas en el capítulo de bordados, que lamentablemente, por cuestiones de iluminación, han sufrido un gran deterioro.

Urna. En el año 1909 se decidió adquirir un nuevo sepulcro con sus andas correspondientes que, al igual que las de Ntro. Padre Jesús, fueron realizada por el imaginero Bellido.Por suerte, esta urna no fue destruida en la guerra civil, se salvó gracias a que se conservaba en las cámaras de una casa particular, siendo recuperada para procesionar hasta nuestros días.

Está construida en caoba barnizada y en su hechura neorrenacentista retoma elementos muy cultos procedentes de la tratadística del bajo renacimiento, fundamentalmente de Serlio. Sus lados presentan una composición idéntica formados por molduras mixtilíneas con decoración vegetal en sus ángulos que sirven de marco al cerramiento de cristal. La decoración más interesante se ubica en los vértices formados por volutas con decoración de escamas que se enlazan en su derrame con estilizadas hojas de acanto. Los laterales, entremezclan decoración escamas y decoración vegetal de la que pende un paño que se dispone en ambos lados. Esta ornamentación tiene una honda raíz miguelangelesca.

La parte superior está compuesta con un cierto sentido arquitectónico ya que simula un entablamento en el que la cornisa está decorada con gotas al gusto clásico y, en su centro, aparece una cartela de cueros recortados con un tarjetón muy simple en el que no aparece ninguna decoración. Sus ángulos se rematan en la parte superior con boliches a modo de cráteras.

La tapa, con forma de pirámide truncada, está compuesta por molduras que enmarcan los cristales que la componen. Remata todo el sepulcro, un conjunto de atributos relativos a la Pasión, como es el caso del cáliz, que contiene los tres clavos, corona, lanza y el hisopo.

Como ya se ha dejado traslucir, esta urna posee un componente muy clasicista, que denota la amplia cultura del escultor que, sin lugar a dudas, retomó modelos iconográficos los dibujos de Serlio, dando lugar a una de las mejores pieza que atesora la Semana Santa calzadeña.

No obstante, debemos incidir en la desafortunada intervención llevada a cabo en el año 1996, en la que, en un intento de restauración, se lija sin ningún tipo de criterio restaurador, desapareciendo las calidades anteriores y ennegreciendo el color natural de la caoba en pro de un intento de simular una mayor vejez.

Por estos motivos, sería conveniente una nueva intervención, siguiendo criterios más acertados y coherentes, que devolviera la urna a su primitivo estado, recuperando su color y, así, definitivamente, se recuperaría el esplendor con el que fue concebido esta pieza.

Carroza. En principio, la urna se soportaba sobre las propias andas que más tarde fueron adaptadas a la carroza actual, dando lugar a una cama sostenida por nuevos balaustres que fueron sustituídos en el año 1985 por cuatro ángeles, de factura y calidad muy inferior que desmerecen la buena traza del sepulcro y que fueron adquiridos por la cantidad de 200.000 pesetas. De esta manera se elevaba mucho más el sepulcro y se recuperaba la tradición de los ángeles acompañantes del siglo XIX, que durante los primeros años del siglo XX eran ángeles en vivo representados por niños ataviados con atuendo angélico. En pro de la dignidad que merece el sepulcro, es recomendable la eliminación de estos ángeles de escaso valor artístico y su sustitución por otros elementos más acordes.

La nueva carroza, se construyó con un intento de imitar la composición y materiales del sepulcro. Sus cuatro lados se dividen cuatro y dos paños respectivamente, separados por pseudocolumnas muy estilizadas a modo de balaustres pareados. Sus paños se decoran repetitivamente con los elementos de la Pasión: cruz, cáliz, escalera, lanza, hisopo, etc., todo ello rematado por un cornisamento decorado con gotas a imitación de la urna.
La iluminación de andas y carroza ha variado con el paso del tiempo y, así, las andas de 1909 portaban unos candelabros de gran interés que más tarde fueron sustituídos al pasar a la carroza por cuatro cirios sobre la cama y sendos faroles de estilo neomudéjar.

Del mismo modo, estos faroles volvieron a ser sustituídos por cuatro hachones de cera sobre pie de madera a modo de candelabros, siguiendo un criterio muy acorde y acertado con el paso.

Al mismo tiempo que ha evolucionado la iluminación, el exorno floral también se ha ido transformando con el paso de los años. De la ausencia total de flores en las andas, se ha pasado a un enriquecimiento progresivo que culmina con ese monte de claveles y lirios con los ha sido decorado en los últimos años.

(Textos sacados del libro Calzada Penitente, Pasos, Cofrades y Cofradías, de los autores Enrique Herrera y Juan Zapata)

 

CRISTO DEL SAGRARIO


(Foto Pérez)


En la tarde del Viernes Santo y después del preceptivo pasacalles, se inicia el desfile procesional en torno a las siete de la tarde.

El primer paso que procesiona es el del Santísimo Cristo del Sagrario. Representa esta imagen a Cristo clavado en la cruz. En torno a la figura de Cristo en la cruz gira todo el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección del Salvador.

Esta imagen procesionó por primera vez en la Semana Santa de 1940. La imagen, de escayola, fue adquirida en Olot, al igual que otras de esa época. Debido a la precaria situación económica por la que atravesaba la Cofradía fue comprada, aportando la mitad de su coste cada una, por la Cofradía de N.P. Jesús Nazareno y por la del Santísimo Cristo del Sagrario, de ahí el nombre de esta imagen que venía a sustituir a la que tenía esta última Cofradía y que desapareció en 1936.

En 1980 la Cofradía del Santísimo Cristo del Sagrario dona generosa y altruistamente la imagen y la carroza, que también habían adquirido entre las dos Cofradías, a la cofradía de N.P. Jesús Nazareno, según documento que obra en poder de ambas cofradías, al adquirir la del Cristo del Sagrario otro Cristo y otra carroza nuevos, de madera de nogal, pasando a procesionar ya únicamente en Semana Santa, ya que anteriormente también procesionaba el 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.

Esta imagen posee un gran realismo en todas las facciones de Cristo, yendo Éste clavado sobre cruz cuadrada, llamada también cruz latina.

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EL DESCENDIMIENTO


(Foto Anastasio)

Además de la Madre de Jesús, tradicionalmente se ha hablado de las tres Marías como protagonistas cercanas a la Pasión de Cristo. Siguiendo el Evangelio de Mateo (c. 28) fueron muchas las mujeres que acompañaron y presenciaron a Jesús en su Vía Dolorosa. La tradición siempre nos habla de las tres Marías que, en todo momento estuvieron al lado de Jesús, desde su proceso, siguiéndolo por la Vía Sacra hasta el mismo monte Calvario donde lo acompañan en su muerte. Tras ésta es depositado en los brazos de su Madre, y ellas también están allí para lavarlo y ungirlo antes de introducirlo en el Sepulcro.

Las tres Marías, entendiendo en nombre de María como sinónimo de mujer, presentan una gran dificultad a la hora de ser identificadas, ya que ninguno de los Evangelistas se pone de acuerdo en el momento de relatarlas.

Mateo se refiere a María Magdalena; María la madre de Santiago el Menor y de José; y la madre de los hijos del Zebedeo (de Santiago el Mayor y de Juan) (Mt. 27,55).

Marcos nos habla de María Magdalena, María la madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé. (Mc. 15,40).

Lucas relata a mujeres que le habían seguido desde Galilea. (Lc. 23, 49)

Por último, Juan: La Madre de Jesús, la hermana de su Madre; María, mujer de Cleofas y María Magdalena. (Jn. 19,25)

De este modo, a parte de María, su Madre, se confirma la presencia de María Magdalena y de María, madre de Santiago el Menor y de José, quedando la identificación de la tercera mujer un tanto confusa.

Tradicionalmente, la imaginería ha representado a estas mujeres en el momento culmen de la Redención, sea en la Muerte o Descendimiento de Jesús.

(Textos sacados del libro Calzada Penitente, Pasos, Cofrades y Cofradías, de los autores Enrique Herrera y Juan Zapata)

Este paso es el último que adquirió la Cofradía, realizándose en Olot en 1976, por lo que con respecto a su estado de conservación es el que mejor se encuentra. Este paso de misterio está formado por siete figuras y representa el momento en que Cristo es bajado de la Cruz para posteriormente ser entregado en brazos de su Santísima Madre. Constituye el paso un conjunto monumental debido a las siete figuras que lo componen dando una gran sensación de movimiento y elasticidad plástica.

 

LA PIEDAD

 
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El paso de La Piedad procesiona la tarde del Viernes Santo. Este grupo escultórico representa a Jesús en brazos de su Madre, después del Descendimiento de la cruz.

En esta obra, de gran realismo, vemos como María, sentada, sostiene sobre sus piernas el cuerpo muerto de su Hijo.

Este paso recorrió las calles de Calzada por primera vez en mitad de los años 40. Es una talla de escayola, representando los rostros de María y Jesús una gran expresividad y realismo. Para muchos esta obra está considerada como una de las mejores de nuestra Semana Santa debido a los rostros de las dos imágenes que se pueden considerar como de los más logrados en cuanto a lo que representan, por un lado el de María teniendo entre sus brazos el cuerpo muerto de su Hijo y por otro el de Jesús, ya muerto e impregnados ambos de un gran realismo por la expresión de sus rostros.


El paso de La Piedad procesiona la tarde del Viernes Santo. Este grupo escultórico representa a Jesús en brazos de su Madre, después del Descendimiento de la cruz.

En esta obra, de gran realismo, vemos como María, sentada, sostiene sobre sus piernas el cuerpo muerto de su Hijo.

Este paso recorrió las calles de Calzada por primera vez en mitad de los años 40. Es una talla de escayola, representando los rostros de María y Jesús una gran expresividad y realismo. Para muchos esta obra está considerada como una de las mejores de nuestra Semana Santa debido a los rostros de las dos imágenes que se pueden considerar como de los más logrados en cuanto a lo que representan, por un lado el de María teniendo entre sus brazos el cuerpo muerto de su Hijo y por otro el de Jesús, ya muerto e impregnados ambos de un gran realismo por la expresión de sus rostros.

 
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JESÚS RESUCITADO


(Foto Anastasio)

Resurrección. La liturgia celebra la Resurrección de Cristo en la Vigilia Pascual, momento en el que la Pasión recobra su sentido de Redención. De esta manera reina la luz sobre las tinieblas. Jesús Resucitó a los tres días cumpliéndose así las Sagradas Escrituras.

Como era costumbre, los cuerpos se ungían con esencias para protegerlos, de ahí que las Santas Mujeres se dirigieran al sepulcro con ungüentos o perfumes. Llegadas al lugar, quedaron sorprendidas al ver el sepulcro vacío y un ángel les anunció que Cristo había Resucitado.

Ante esta noticia, María Magdalena fue a anunciarlo a su Madre y los Apóstoles, momento en el que se le apareció Jesús pletórico de vida pronunciando las palabras Noli me tangere, no me toques que aún no he subido a mi Padre.

Este episodio queda representado por Jesús ascendiendo desde el sepulcro abierto ante el asombro de los soldados que lo custodiaban, que caen rendidos al suelo.

La celebración del Domingo de Resurrección comienza con el Aleluya de los Armaos a las 10.30 en la parroquia, y continúa con la función y procesión con las cofradías de Ntra. Sra. de la Soledad o Vera Cruz y Ntro. Padre Jesús Nazareno portando los pasos de Ntra. Sra. de la Soledad y Cristo Resucitado respectivamente.

 



NUESTRAS TRADICIONES:

1.- La bocina.

2.- El Monumento.

3.- El charco.

4.- El pasacalles.

 

1.- LA BOCINA


(Foto Pérez)

            La bocina, elemento tradicional que ha llegado hasta nuestros días, es un instrumento de viento formado por un largo tubo de madera troncocónico de aproximadamente 2,5 metros de longitud que es soportado por ruedas de madera con llantas de hierro y que procesiona con una funda de terciopelo morado. Su sonido es largo y melancólico y se suele tocar en las noches de cuaresma y en las procesiones de Semana Santa, sólo con la Cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno.

            Su origen se remonta a las trompetas de dolor y bocinas del mundo romano, que son adaptadas por la tradición cristiana como bocinas de dolor ante la muerte de Cristo, a la vez que su sonido viene a simbolizar el retumbar de los truenos de la tormenta que dejó a Jerusalén entre tinieblas tras la expiración de Jesús. 

2.- EL MONUMENTO


Monumento (Foto Pérez)

            Los Monumentos de Semana Santa constituyen auténticas arquitecturas efímeras. Entre los casos dignos de reseñar, destaca la representación de la Pasión o del Descendimiento llevado a cabo en la catedral de Zamora a finales del s. XIII, o de los Monumentos de la catedral de León (1450), Sevilla (1469-1478), o Palencia (1471).

            El monumento de Semana Santa debió configurarse mediante una simple y humilde decoración efímera en la que se exaltase la Sagrada Forma. Esta práctica se fue desarrollando en los siglos posteriores con una mayor grandeza hasta nuestros días.

3.- EL CHARCO.


           

Algo típico y, podríamos decir, casi exclusivo de nuestra Semana Santa es el charco. El charco consiste en la invitación que el Hermano Mayor de la Cofradía ofrece a todos los hermanos - cofrades que han participado en la procesión al finalizar ésta.

            Lo tradicional, en Semana Santa, es obsequiar, finalizada la procesión con enaceitados, dulce típico de Calzada, y “limoná”, bebida hecha con vino y gaseosa echándole a la “limoná” trozos de frutas, sobre todo melocotones.

            El charco es el lugar de encuentro de muchos cofrades que por imperativos del trabajo viven fuera de Calzada y que vuelven a sus lugares de origen en estos días. Es una forma más de confraternizar los hermanos de nuestra Cofradía, pues después de las procesiones llega el momento de la charla con los amigos, que quizá desde el año anterior no hemos visto, o de comentar diversos asuntos entre todos en torno a un vaso de “limoná”.

            Esta tradición viene de los S. XV y XVI cuando los priostes de las Hermandades tenían por costumbre obsequiar a los cofrades cuando visitaban su casa. Actualmente esta invitación se hace en la sede de la Cofradía, pues éste es el lugar de salida y entrada de los distintos desfiles procesionales. Anteriormente cuando no se contaba con los salones actuales esto se hacía en casa del Hermano Mayor, pues de ahí salían los pasacalles, de los que hablaremos más adelante y terminada la procesión toda la Cofradía iba a casa del Hermano Mayor.

4.- EL PASACALLES.

            Algo también muy típico, y casi exclusivo, de nuestra Semana Santa son los pasacalles. Media hora antes de salir la procesión y una vez terminada ésta se da el pasacalles, en el cual los hermanos - cofrades acompañados de las distintas bandas de cornetas y tambores que van a tocar durante la procesión, hacen el mismo recorrido que después hará la procesión.

            El origen de los pasacalles lo podemos encontrar en la Edad Media en la figura del muñidor, que era un personaje que recorría las calles por donde minutos después iba a discurrir el desfile procesional tocando una campanilla, anunciando que pronto saldría la procesión a la calle.

            Actualmente los hermanos se congregan en el Patio de San Francisco y a ritmo de marcha ligera recorren el mismo itinerario que la procesión. El pasacalles que se realiza antes de la procesión tiene la misma función que tenía la del muñidor, pues muchos hermanos se van incorporando a las filas al oír cerca de sus casas el paso del pasacalles.

*(Textos sacados del libro “Calzada Penitente, Pasos, Cofrades y Cofradías”, de los autores Enrique Herrera y Juan Zapata).

 

 

Hermandad de Ntro. Padre Jesús de Nazareno. Patio de San Francisco s/n. Calzada de Calatrava. Ciudad Real. 2008